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Sábado 26 de julio, 2014 / Junio, 2014

Globalización y trabajo infantil

Por: Francisco Javier Marín Boscán
Profesor de Derecho del Trabajo, Universidad del Zulia, Venezuela
fjmarinb@yahoo.es

Resumen
Estamos ante un mundo globalizado.  El Informe de la Comisión Mundial sobre la Dimensión Social de la Globalización deja constancia que es urgente un replanteamiento de la gobernanza mundial, y así la globalización puede y debe cambiar.  El panorama económico y social de hoy define retraso en el desarrollo de la mayoría de los países del mundo, y en consecuencia pobreza.  El Trabajo infantil es uno de los grandes problemas de nuestra época.  Es considerada su regulación en el plano internacional, la Convención Internacional sobre los Derechos del Niño y la necesidad de la armonización legislativa con sus postulados, y los convenios OIT. Se destaca la labor que a nivel internacional cumple la OIT a través de su programa IPEC.  Finalmente se establecen soluciones globales para combatir el Trabajo Infantil, orientadas a su abolición efectiva y garantía para un mejor futuro de las personas y los países, definiendo el progreso económico y humano.
  
Un mundo globalizado

El fenómeno de la globalización lo hemos presenciado en las últimas cuatro décadas, y un balance de sus efectos señala que no ha sido favorable para todos.

La globalización es un proceso complejo, que no solo comprende aspectos económicos y políticos, también implicaciones de toda índole, entre las que resaltan las de tipo cultural.

La globalización ha impactado en el trabajo, generando nuevas expectativas laborales (Romero, 2003).   Se produce la transnacionalización del factor trabajo, a la par de la transnacionalización del capital, por la difusión de la autoridad política de los Estados Nación, lo que entre otras consecuencias “reduce la capacidad protectora de los gobiernos frente al bienestar de sus ciudadanos” (Ibid: 29).  Ante la creciente desregulación laboral, existencia de pequeñas compañías y de la economía informal, se genera la intensificación de los movimientos migratorios.

La Comisión Mundial sobre Dimensión Social de la Globalización, constituida por la OIT, presentó su Informe (2004): “Por una Globalización Justa: Crear Oportunidades para Todos”, la idea central es: “la globalización puede y debe cambiar, es urgente un replanteamiento de la gobernanza mundial”.

El citado Informe destaca que comienza a configurarse una verdadera conciencia global, atenta a las desigualdades ligadas a la pobreza, la discriminación por razón de sexo, el trabajo infantil y la degradación medioambiental, donde quiera que se produzcan. 

Visión económica y social del mundo

La pobreza absoluta afecta a 1.200 millones de personas en el mundo (FNUAP, 2001), mientras que en América Latina, más de la mitad de los niños, niñas y adolescentes son pobres.  De hecho África, Asia y América Latina son las regiones más afectadas por el trabajo infantil. 

Las circunstancias anteriores definen en el mundo un panorama económico y social poco halagador, en el que flagelos como el trabajo infantil ocupan espacios que restan condiciones para el progreso personal y de las naciones, ya que generalmente no se garantiza el desarrollo físico e intelectual de los sujetos que cumplen labores en ese sentido.
 
El mundo globalizado no ha definido condiciones económicas y sociales de mayor bienestar para todos en el planeta, no participamos en igualdad de condiciones ante lo global, y de ahí las grandes asimetrías que definen la mayor concentración de riquezas y mejor porvenir en pocas naciones.

Situación del trabajo infantil en un mundo globalizado

El trabajo infantil constituye un gran problema desde el punto de vista social, económico y de los derechos humanos.  Las estimaciones globales para el año 2000 (Informe: “Un Futuro Sin Trabajo Infantil”, OIT, 2002), indican  que de una cifra estimada de 211 millones de niños de entre 5 y 14 años que realizan algún tipo de actividad económica, 186 millones se dedican al trabajo infantil que hay que abolir (con inclusión de las peores formas), y de una cifra estimada de 141 millones de niños de 15 a 17 años que realizan actividades económicas, 59 millones realizan trabajo infantil.  Es la situación de niños y niñas que trabajan en todo el mundo, privados de una educación adecuada y de las libertades fundamentales, y con su salud puesta en peligro.

La causa fundamental del problema ha sido reconocida por los países miembros de la OIT, cuando en 1999 al adoptar el Convenio núm. 182 sobre las Peores Formas del Trabajo Infantil, dejan constancia expresa que “el trabajo infantil se debe en gran parte a la pobreza, y que la solución a largo plazo radica en un crecimiento económico sostenido conducente al progreso social, en particular a la mitigación de la pobreza y a la educación universal”.

La gran amplitud del trabajo infantil a escala mundial, al igual que las realidades socioeconómicas que lo sustentan, hacen imposible su solución inmediata. 

En la lucha por la justicia social y la paz universal, uno de los elementos esenciales es la protección de la infancia.  El trabajo infantil va en contra de la inversión en capital humano, de la provisión de un trabajo decente y digno, y de la reducción de la pobreza, tal como afirma la OIT.

Regulación del trabajo infantil

Las primeras leyes de trabajo en el mundo, surgieron con el propósito de proteger a los niños trabajadores, ante su explotación inmisericorde.  Ante esta circunstancia, el trabajo de los niños fue uno de los primeros campos en que se adoptó una reglamentación, tanto en el plano nacional como internacional.

En el plano internacional, la protección de los niños, niñas y adolescentes ha sido una de las tareas esenciales de la OIT desde su fundación, y en 1919 fue incluida tanto en el preámbulo como en los principios generales de su Constitución.  Este Organismo ha adoptado una serie de convenios bajo la orientación de esta protección, como se establecerá en adelante.

La Convención sobre los Derechos del Niño (1990) fue aprobada por unanimidad en el seno de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), y ha sido ratificada por todos los países latinoamericanos.  
 
Un nuevo paradigma surgió con la nombrada Convención, el cual en forma resumida se enuncia de la siguiente manera: “todos los derechos para todos los niños”, como formulación de la doctrina de Protección Integral.

Entre los derechos fundamentales de la infancia reconocidos por la Convención referida, destaca el Derecho a la Protección contra “la explotación económica y contra el desempeño de cualquier trabajo que pueda ser peligroso o entorpecer su educación, o que sea nocivo para su salud o para su desarrollo físico, mental, espiritual, moral o social” (artículo 32.1).

A partir de 1990, con la aprobación de la nombrada Convención, ratificada por muchos países del mundo, se inició un proceso de armonización legislativa a sus postulados.

El problema resulta que en los países, particularmente los que se encuentran en vías de desarrollo, con economías menos adelantadas,  estas leyes tradicionalmente han resultado de la labor técnica de pequeñas comisiones de expertos, que no guardan interrelación real con los sectores vinculados con su aplicación, de allí que en ocasiones resultan desfasadas con la realidad que persiguen regular.

La regulación del trabajo infantil en América Latina ha generado efectos sociales y económicos importantes, siendo el propósito legislativo la protección integral.  Esto es muy trascendente, ya que la mayor protección a la generación del mañana es la mejor garantía del desarrollo de estas naciones.

Labor de la OIT sobre el trabajo infantil

Desde su creación en 1919, la OIT fijó como uno de sus principales objetivos, el principio de la eliminación efectiva del trabajo infantil.  Este principio ahora sagrado en forma general en el Convenio núm. 138 sobre la Edad Mínima (1973), se reafirma en la Declaración relativa a los Principios y Derechos Fundamentales en el Trabajo (1998). 

Por otra parte, el Convenio núm. 182 (1999), aborda lo relativo a las Peores Formas de Trabajo Infantil.  Este Convenio sumó 150 ratificaciones (mayo 2004), lo que llevó a Frans Röselaers, Director del Programa Internacional de Erradicación del Trabajo infantil (IPEC) de la OIT, a destacar: “la ratificación no afecta solamente el ejercicio de la Ley, sino que impulsa acciones concretas para mejorar la vida de los niños” (web OIT).
 
El Programa Internacional de Erradicación del Trabajo infantil (IPEC) constituye el mayor Programa mundial de cooperación técnica sobre trabajo infantil, desarrollado por la  OIT desde 1992, el cual va más allá de evitar que los niños trabajen.  Este Programa pretende promover el desarrollo, proporcionando adecuadas alternativas educativas para los niños y acceso a un trabajo digno, ingresos suficientes y seguridad para sus padres. 

Los tres pilares fundamentales de la estrategia del IPEC, son: prevención del trabajo infantil, retirada de los niños del trabajo y rehabilitación de éstos.

En el Informe: “La Acción del IPEC contra el Trabajo infantil 2000-2001: Avances y Prioridades Futuras” (2002), se hace constar que por su magnitud en todas las regiones del planeta, el trabajo infantil es actualmente la principal forma de explotación de la infancia.
 
A partir de ese año (2002) se estableció el 12 de junio como Día Mundial contra el Trabajo Infantil, instituido por la OIT para recordar el enorme problema internacional del Trabajo Infantil, y la determinación de la comunidad mundial para combatirlo.
 
En el marco de la última conmemoración, fue presentado el Informe OIT: “¿Ayudantes o Esclavos? Comprender el Trabajo infantil Doméstico y Cómo Intervenir”, calificado por el mismo organismo como “revolucionario”, y en el que se destaca: “Tenemos que abrir los ojos a lo que ocurre en nuestros propios hogares.  Los niños que trabajan en el servicio doméstico son, antes que nada, niños” (web OIT). 

Soluciones globales para combatir el trabajo infantil

En el presente para erradicar el Trabajo infantil en los países del mundo, no es suficiente el avance legislativo, es importante su eliminación como base social de la economía global y aunar esfuerzos dentro de las naciones y a nivel internacional, en pro del desarrollo con justicia social, pues acabar con el trabajo infantil, es un modo muy eficaz de promover el desarrollo económico y humano.

En este sentido se requiere seguir promoviendo la solidaridad entre todos los que luchan contra el trabajo infantil, y facilitar la labor técnica y jurídica de la OIT en este ámbito.  Así,  Programas como el IPEC desarrollado por la OIT, requieren aumentar su financiamiento, incluyendo mayor número de donantes, ya que en esta medida se podrá garantizar el cumplimiento de sus fines.  Igualmente mayor colaboración por parte de los países donde son ejecutados los planes del Programa.

Las normas que regulan el trabajo infantil deben ser aplicadas de manera efectiva, porque de esta forma se cumple con la protección necesaria y se garantizaría su erradicación.

En la medida que cada uno de los países asuma el trabajo decente como objetivo, aunado a la labor de la OIT, los resultados serán más eficientes y efectivos.

Finalmente, siguiendo la orientación del Informe de la Comisión Mundial sobre Dimensión Social de la Globalización de la OIT, en el cambio que debe asumir la globalización tenemos que velar por la vigencia efectiva en los países del mundo, de los derechos humanos fundamentales en el trabajo (Declaración OIT, 1998), que incluye entre sus aspectos relevantes, la abolición del trabajo infantil.

 
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