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Martes 9 de febrero, 2010 / Año VIII Nº 10 Junio - Agosto 2009

Afirma Relator Especial de la ONU
El trabajo infantil doméstico, un obstáculo para la educación de las niñas

(Lima. Marzo 2006) Los matrimonios y los embarazos precoces, el trabajo infantil (especialmente en el hogar) y los conflictos armados, son los principales obstáculos para  la educación de las niñas. Así lo afirma Vernor Muñoz, Relator Especial sobre el derecho a la educación, en su último informe sobre el derecho a la educación de las niñas.

Y es que el trabajo infantil doméstico, que actualmente envuelve a cerca de dos millones de niños, y principalmente de niñas, en América Latina y el Caribe, es una forma moderna de esclavitud en la cual las personas menores de edad son víctimas de diversos tipos de explotación que van desde malos trataos verbales y emocionales, hasta el abuso sexual y la violencia física.

Precisamente en su informe, el Relator sostiene que el trabajo de las niñas en el servicio doméstico, ya sea remunerado o aquel que se realiza en condiciones de casi semi esclavitud, sigue siendo una de las principales causas de explotación y violencia y uno de los factores que con mayor perversidad han apartado de la escuela a millones de niñas.

Así lo demuestra la realidad de países como Perú, donde se registran  110 mil niñas y niños  entre 6 y 17 años que son trabajadores domésticos, de ellos 85 mil son niñas y adolescentes y  43% no asiste a la escuela. De aquellos que logran asistir, el 63% presenta un retraso escolar de cuatro años en promedio, lo que suele llevar a muchos a abandonar definitivamente sus estudios.

En su informe, Vernor Muñoz señala además que las labores domésticas que se asignan a las niñas y adolescentes se sustentan en costumbres y tradiciones que privilegian la posición de los hombres y suelen provocar la deserción escolar de las niñas a edades más tempranas que los niños.

Lo expuesto por el relator lo corrobora la realidad que se vive en Brasil, país donde existen 490 mil niñas y niños trabajadores domésticos entre 5 y 17 años de los cuales el 98% son niñas. De acuerdo con estudios de la OIT, esto obedece a que en la mayoría de los países, el servicio doméstico es considerado como un trabajo de mujeres, a lo que se le suma que muchos padres y madres lo perciben como la única opción para una niña que debe trabajar y asumen que puede ser apropiado y ligero, además de similar al que tendría que realizar en su propio hogar.

Sobre las consecuencias educativas del trabajo infantil, el informe del Relator indica que la peor parte de la llevan también las niñas, que deben soportar otras formas conexas de agresión y de exclusión asociadas con sus labores, además del nulo reconocimiento económico por las tareas domésticas que realizan.

Esto se observa en países como Paraguay, donde los llamados criados y criadas, niños y niñas  que desde muy pequeños son entregados a familias ajenas a la suya,  sirven a terceros realizando tareas domésticas a cambio de techo, comida, ropa, y en algunos casos, educación, sin recibir ningún salario, pues se considera que su actividad no es un trabajo.
 
Sobre otras agresiones de las que son víctimas las niñas y adolescentes trabajadoras domésticas, se ha identificado que ven afectada su salud mental, porque no viven vidas propias,  reciben malos tratos y sufren violencia física y verbal, a lo que se suman las excesivas jornadas de trabajo que no les permite estudiar. Son niñas que crecen sin ningún apoyo moral o afectivo.

En su análisis, Vernor Muñoz señala que el trabajo de las niñas carece de respuestas institucionales alternativas para ofrecerles acceso a una educación y afirma que faltan  acciones gubernamentales preventivas del trabajo infantil, por lo que recomienda, entre otros aspectos, asegurar a todas las niñas trabajadoras, incluyendo a las que realizan trabajo doméstico, igualdad de oportunidades para disfrutar del derecho a la educación. Para ello el informe del Relator sugiere que se diseñen proyectos alternativos que den respuesta a las necesidades familiares que obligan a enviar a las niñas y adolescentes al trabajo.

Algunas iniciativas en esa línea ya están en marcha en países como Paraguay, donde  se está recogiendo información adicional sobre la situación familiar y laboral de los menores de edad en la ficha de matrícula, con lo que se prevé desarrollar estrategias en el aula para apoyarles; esto se complementa con la inclusión de ejes temáticos curriculares como género y equidad.   

Por su parte el Ministerio de Educación de Perú emitió una Directiva para garantizar la permanencia en el sistema educativo de las niñas, niños y adolescentes trabajadores domésticos. La medida incluye ampliar el período de matriculación, facilitar programas compensatorios para niños, niñas y adolescentes con extra edad, disponer de las instalaciones y recursos educativos para el alumnado en turno de noche, establecer un registro de niños, niñas y adolescentes que asisten a centros educativos en horarios nocturnos, entre otros.

 
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EDITORIAL: En México hay 3,6 millones de niños trabajadores entre 5 y 17 años

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