El 07 de octubre se celebra la Jornada Mundial por el TRABAJO DECENTE. Este año, la CSI- CSA y diversos gremios sindicales han hecho una convocatoria para realizar diversas actividades con la finalidad de sensibilizar sobre la importancia de este tema.
Se espera poder incidir en la población, en los gobiernos y en los mismos sindicatos para buscar propuestas que ayuden a revertir y lograr políticas públicas y recursos que permitan que el TRABAJO DECENTE se entienda como el mecanismo efectivo para salir de la pobreza y reducir la brecha social.
Así, el 07 de octubre se constituye como una oportunidad para que confluyan los movimientos sociales sindicales y alcancen una agenda común internacional que apueste por una globalización con justicia social y derechos.
¿Qué es el TRABAJO DECENTE?
El TRABAJO DECENTE partió desde una propuesta de la OIT que se basó en la conjunción de sus 4 estrategias. En ese sentido, supone el trabajo que se realiza en condiciones de LIBERTAD, EQUIDAD, SEGURIDAD y DIGNIDAD HUMANA y contempla diversas dimensiones tales como los derechos laborales, la protección social, el empleo y el diálogo social.
Es decir, el TRABAJO DECENTE significa “contar con oportunidades de un trabajo que produzca un ingreso digno, seguridad y protección social incluidas las familias, mejores perspectivas de desarrollo personal e integración a la sociedad, libertad de expresión, organización y participación en las decisiones que afectan sus vidas e igualdad de oportunidad y trato para todas las mujeres y hombres”.
¿Cómo está el TRABAJO DECENTE en la región?
En América Latina existen diversos déficits todavía pendientes por superar para que la región avance en lo que al TRABAJO DECENTE se refiere.
En cuanto a la protección social, la cobertura de riesgos en América Latina abarca sólo al 12% de la población. Así, sólo 5 de cada 10 nuevos asalariados tiene algún tipo de cobertura, número que se reduce a tan sólo 2 en el sector informal. En la práctica, esto quiere decir que existen 30 millones de accidentes laborales y casi 40 mil muertes por estar desprotegidas. Esta falta de previsión social representa el 10% del PIB anual.
Por otro lado, existe un déficit en el diálogo social que se ha visto expresado en las limitantes a la libre sindicalización y la negociación colectiva. Efectivamente, uno de los problemas que enfrenta la sindicalización es la existencia de dificultades para la libre asociación. A esto se unen las prácticas antisindicales, de las cuales un indicador es que el 53% de las quejas presentadas ante el Comité de Libertad Sindical provienen de América Latina. Por otra parte, la negociación colectiva no cubre ni al 10% de la población.
De igual manera, los derechos laborales de los trabajadores son constantemente mellados. La discriminación de los ingresos, por ejemplo, genera que los ingresos promedio de la mujer trabajadora sean un tercio inferior a los del hombre. El trabajo infantil aún no ha sido erradicado: existen 20 millones de niños y niñas que trabajan, de los cuales 7 millones lo hacen en las peores formas de trabajo infantil. Por su parte, el trabajo forzoso alcanza a 1.3 millones de la población.
Asimismo, también tenemos números desalentadores en las cifras del empleo. En América Latina, el desempleo visible contiene a 26 millones de personas, mientras que 100 millones se encuentran en la economía informal. Esto representa el 53% de la PEA.
Según datos de la OIT, se requeriría crear 500 millones de empleos nuevos en el mundo durante los próximos 10 años, para que no se deteriore la situación.
¿Cuáles son los principales problemas que tiene el TRABAJO DECENTE en la región?
El TRABAJO DECENTE encuentra problemas desde distintos ángulos. Por un lado, la informalidad de la economía genera un vacío que puede mellar los derechos de los trabajadores. Por otro lado, algunas empresas estiman que no es rentable otorgar a sus trabajadores todos los derechos que les corresponde. El panorama se complica aún más, debido a que existen dificultades para la libre asociación y la negociación colectiva.
Asimismo, en una democracia real, se requiere de un rol activo de todos los actores involucrados en el diálogo social. Una sindicalización débil, con pocas bases, no ayuda a que los trabajadores encuentren un fuero a través del cual respaldarse.
En ese sentido, para asegurar el TRABAJO DECENTE es fundamental una sindicalización activa y comprometida en todos los países de la región. Mejor aún si en épocas de globalización, estos trabajan de manera coordinada a nivel regional y mundial.
La democracia y el sindicalismo para superar la pobreza
Se ha evidenciado que el crecimiento no basta para que los países alcancen el desarrollo. Si bien esta es una condición importante, no garantiza la Justicia Social. El desarrollo necesita también de políticas públicas que organicen una redistribución equitativa de los ingresos de modo que se aseguren los derechos de todos los ciudadanos. En ese sentido, la democracia es el mejor canal para dar a conocer las necesidades básicas de la población y que, a través del diálogo social, se determinen las prioridades nacionales que llevarán al desarrollo.
Sin embargo, para que la democracia cumpla ese papel, requiere de actores capaces de manifestarse y hacer cumplir sus derechos. Por ello, es fundamental que todos esos actores tengan la posibilidad de participar del diálogo social. Esto implica, para los trabajadores, que puedan mostrar sus necesidades y aportes a la comunidad a través de un fuero efectivo. Para que exista una democracia real entonces, las centrales sindicales de los países deben cumplir ese papel y realizar un balance frente a los demás actores de la sociedad.
Así, la democracia es efectiva en alcanzar el desarrollo de las personas cuando existen actores con capacidad de intervenir en el diálogo social, pues esto dificulta el abuso de poder y facilita que las necesidades básicas de todas las personas se alcancen. En este marco, la sindicalización es un eslabón fundamental para canalizar la voz de los trabajadores, generar condiciones más equitativas y superar la pobreza.
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Una de las mayores taras de América Latina es la desigualdad que existe entre sus habitantes. El continente presenta los peores índices de desigualdad, donde el 10% más rico acumula el 33% del ingreso total, mientras que el 10% más pobre sólo el 2%. Esto quiere decir que 210 millones de persona están por debajo de la línea de pobreza, de las cuales 90 millones son indigentes. Este es el reto a superar en una Globalización con Justicia Social donde el papel de los sindicatos organizados es fundamental para superar la pobreza, la desigualdad y alcanzar el desarrollo.
La OIT: un actor importante para una globalización con justicia social
La Ratificación de Convenios es un indicador del avance en el proceso de universalización de los derechos de los trabajadores. Así, 181 estados miembros han ratificado los convenios fundamentales de la OIT. Sin embargo, haciendo un análisis más sesudo, se observa que sólo 148 ratificaron el Convenio 87 y la mitad de la fuerza laboral (que radica en 5 países) no lo han ratificado aún: Brasil, China, EEUU, India e Irán.
Además, queda claro que este no es más que un primer indicador. Luego de ratificar los Convenios es necesario adecuar las legislaciones nacionales y hacer cumplir esos derechos. En ese sentido, la OIT ha realizado la Agenda hemisférica para la Promoción del TRABAJO DECENTE 2006-2015, con la que busca dar un paso más allá.
Este 07 de octubre, durante la Jornada Mundial por el TRABAJO DECENTE, es un buen momento para reflexionar sobre el tema, generar alianzas, partir de objetivos comunes y diseñar acciones unitarias a través de un trabajo en red a nivel regional. En este contexto, el Proyecto FSAL busca apoyar el consenso de agendas sindicales y, de este modo, aportar para la realización de un trabajo coordinado en la región que incremente las posibilidades de acción de los sindicatos.
Esperamos que la Declaración de la OIT 1998 sobre los derechos sindicales se convierta en un denominador común para construir una globalización con justicia social, estándar mínimo al que deben aspirar los países. Así, tal vez podamos lograr que para el año 2025 no exista en el mercado ningún bien creado sin respetar los derechos fundamentales en el trabajo, como manera de eliminar la esclavitud, la pobreza y la miseria.
Para mayor información sobre el TRABAJO DECENTE, puede revisar los siguientes documentos.
- Promoviendo el TRABAJO DECENTE en las Américas
- Declaración de la OIT sobre la justicia social para una globalización equitativa
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