Declaración Mundial sobre educación
para todos
"Satisfacción de las necesidades básicas
de aprendizaje"
Preámbulo
Hace más de cuarenta años, las naciones
de la tierra afirmaron en la Declaración Universal de Derechos
Humanos que "toda persona tiene derecho a la educación".
Sin embargo, pese a los importantes esfuerzos realizados por los países
de todo el mundo para asegurar el derecho a la educación para todos,
persisten las siguientes realidades:
Más de 100 millones de niños y de niñas,
de los cuales 60 por lo menos son niñas, no tienen acceso a la
enseñanza primaria.
Más de 960 millones de adultos - dos tercios de
ellos mujeres son analfabetos, y el analfabetismo funcional es un problema
importante en todos los países, tanto industrializados como en
desarrollo.
Más de la tercera parte de los adultos del mundo
carecen de acceso al conocimiento impreso y a las nuevas capacidades y
tecnologías que podrían mejorar la calidad de su vida y
ayudarles a dar forma y adaptarse a los cambios sociales y culturales.
Más de 100 millones de niños e innumerables
adultos no consiguen completar el ciclo de educación básica;
y hay millones que, aun completándolo, no logran adquirir conocimientos
y capacidades esenciales.
Al mismo tiempo, el mundo tiene que hacer frente a problemas
pavorosos: en particular, el aumento de la carga de la deuda de muchos
países, la amenaza de estancamiento y decadencia económicos,
el rápido incremento de la población, las diferencias económicas
crecientes entre las naciones y dentro de ellas, la guerra, la ocupación,
las contiendas civiles, la violencia criminal, los millones de niños
cuya muerte podría evitarse y la degradación generalizada
del medio ambiente. Estos problemas frenan los esfuerzos para satisfacer
las necesidades básicas de aprendizaje y, a su vez, la falta de
educación básica que sufre un porcentaje importante de la
población impide a la sociedad hacer frente a esos problemas con
el vigor y la determinación necesarios.
Tales problemas han sido la causa de retrocesos importantes
de la educación básica durante el decenio de 1980 en muchos
de los países menos desarrollados. En algunos otros el crecimiento
económico ha permitido financiar la expansión de la educación,
pero, aun así, muchos millones de seres humanos continúan
inmersos en la pobreza, privados de escolaridad o analfabetos. Por otro
lado, en ciertos países industrializados la reducción de
los gastos públicos durante los años ochenta ha contribuido
al deterioro de la educación.
Y, sin embargo, el mundo está en vísperas
de un nuevo siglo, cargado de promesas y de posibilidades. Hoy somos testigos
de un auténtico progreso hacia la distensión pacífica
y de una mayor cooperación entre las naciones. Aparecen numerosas
realizaciones científicas y culturales útiles. El volumen
mismo de información existente en el mundo -mucha de ella útil
para la supervivencia del hombre y para su bienestar elementales- es inmensamente
mayor que el disponible hace solo pocos años y su ritmo de crecimiento
continúa acelerándose parte de esa información sirve
para adquirir conocimientos útiles con objeto de mejorar la calidad
de vida, o aprender a aprender. Y cuando una información importante
va asociada a ese otro avance moderno que es nuestra nueva capacidad de
comunicación, se produce un efecto de sinergia.
Estas nuevas fuerzas, combinadas con la experiencia acumulada
de reformas, innovaciones e investigaciones y con el notable progreso
de la educación en muchos países, convierten a la educación
básica para todos, por primera vez la historia, en un objetivo
alcanzable.