La estructura del empleo urbano en el período 1990 - 1998: nuevos datos

En esta sección se analiza la evolución de la estructura del empleo urbano durante el período 1990-1998. Para esto se utilizan los nuevos datos elaborados por la OIT con base en las Encuestas de Hogares de doce países de América Latina, y a partir del afinamiento de la medición del empleo que se explica en el Recuadro 2. Del análisis, se destaca los siguientes aspectos:

* Los nuevos datos indican que la participación del empleo informal en el empleo total alcanza a 44.4% en 1990 y a 47.9% en 1998. La importancia del sector informal en el empleo urbano, de acuerdo a los nuevos datos, es menor al estimado anteriormente por la OIT, aunque la tendencia a aumentar se mantiene en ambos casos.

* De acuerdo a estas cifras, 6 de cada 10 de los nuevos empleos urbanos generados en el período pertenecen al sector informal. El empleo de este sector creció a una tasa anual de 3.9%, superior al crecimiento del empleo total (2.9%).

* La participación del empleo informal en el total varía sustancialmente entre los países considerados. En tres de ellos (Ecuador, Honduras y Perú), el nivel de informalidad es alto (superior al 50% de los ocupados) en otros tres (Chile, Panamá y Uruguay), se registra un nivel de informalidad bajo (inferior al 42%) y los seis países restantes tienen un nivel de informalidad intermedio (entre 43% y 50% de los ocupados).

* El análisis de la generación de empleo al interior de los sectores informal y formal muestra lo siguiente: de los nuevos empleos informales generados durante el período, un 34% pertenece al segmento de microempresas y el restante 66%, que corresponde al segmento tradicional del sector informal, se distribuye entre trabajadores por cuenta propia (48%) y servicio doméstico (18%). En cuanto al sector formal, los datos de creación de nuevos empleos en el sector moderno privado durante el mismo período revelan que la participación de las empresas grandes alcanza al 43%, en tanto que el aporte de las empresas medianas y pequeñas llega a 32% y 25%, respectivamente. El sector público no contribuyó a la generación neta de empleo en la región.

* Así, de cada 100 nuevos empleos generados en el período, 50 corresponden a un grupo de trabajadores formado por cuenta propia informales (29) y por los ocupados en microempresas (21). Otros 17 corresponden a los trabajadores de empresas grandes del sector privado; 13 a los ocupados en empresas medianas; 11 a los ocupados en el servicio doméstico, y 9 a las empresas pequeñas del sector moderno privado.

* Por último, el porcentaje de puestos de trabajo "de calidad", esto es, con un nivel aceptable de remuneraciones y condiciones adecuadas de contratación y protección, se reduce de 46.4% en 1990 a 42.4% en 1998, y se concentra en el sector formal. Las cifras muestran, además, que de cada 10 nuevos empleos generados en el período 1990-1998, sólo 3 son de buena calidad.



grafico1b


1. Tendencias de la estructura del empleo de la región en los noventa

El desempeño del empleo urbano durante la década no ha sido satisfactorio. Por un lado, el empleo urbano de la región aumentó a una tasa del 2.9% por año entre 1990 y 1998, cifra que es inferior al crecimiento de la fuerza de trabajo (3.1%). Como resultado, la tasa de desempleo urbano se elevó desde 5.7% en 1990 a 8.2% en 1998.

Por otro lado, los nuevos datos (ver Recuadro 2) indican que la expansión de los puestos de trabajo de buena calidad fue limitada (2.1% anual), debido al bajo crecimiento del empleo moderno privado (2.6%) y al estancamiento del empleo público (Gráfico 1b). En estas condiciones, el ritmo de crecimiento del empleo agregado pasó a depender de la capacidad de creación de empleo en actividades informales. En efecto, el crecimiento del empleo informal fue del 3.9% por año entre 1990 y 1998, lo que significa que 6 de cada 10 nuevos empleos generados durante la década correspondieran a actividades informales.

2. Cambia la composición del empleo en los países durante la década

Los cambios de la estructura del empleo presentan características diferentes dependiendo de los países. Los nuevos datos indican que la incidencia del empleo informal en el total aumenta desde 44.4% en 1990 a 47.9% en 1998 (Gráfico 1b). Estas proporciones varían por país y también lo hace la contribución del sector informal a la expansión del empleo.

El porcentaje del empleo informal en el total, o «informalidad», varía considerablemente entre los doce países considerados (Gráfico 2b). Se identifican tres grupos de países con informalidad alta, mediana y baja, respectivamente. Las cifras del año 1998 muestran que en el grupo de informalidad alta (superior a 50%) se ubican tres países: Ecuador (58.6%), Honduras (57.9%) y Perú (53.7%). En el otro extremo, con informalidad baja (inferior a 42%), también hay tres países: Chile (37.5%), Panamá (38.5%) y Uruguay (41.2%). Por tanto, la mayoría de los países (seis) presenta un nivel de informalidad intermedio (entre 43% y 50%). Los países que pertenecen a este grupo son: Argentina (49.3%), Brasil (49.7%), Colombia (49.0%), Costa Rica (45.4%), México (49.6%) y Venezuela (43.0%). Cabe señalar que, según los datos del año 1998, el empleo agregado de los países con baja informalidad representa un 4.8% del total de la región y el de aquellos con informalidad alta, un 7.8%. El grupo de países con un nivel de informalidad intermedia concentra la mayor parte (87.4%) del empleo urbano de la región.



RECUADRO 2

AMERICA LATINA: NUEVAS CIFRAS SOBRE
LA ESTRUCTURA DEL EMPLEO URBANO. 1990 - 1998

De acuerdo al concepto de segmentación del mercado de trabajo introducido por la OIT en América Latina, la estructura del empleo está conformada por los sectores informal y moderno. En el sector informal, caracterizado por los bajos niveles de productividad, ingresos y protección social de los ocupados, se incluye a los trabajadores por cuenta propia (excepto los profesionales y técnicos), a los trabajadores familiares no remunerados, a los ocupados en microempresas (establecimientos con hasta 5 ocupados) y al servicio doméstico. A su vez, en el sector moderno o formal se incluyen dos segmentos de ocupación: el privado y el público. En el primero, se considera a los ocupados en empresas pequeñas, medianas y grandes (establecimientos con 6 ó más ocupados) y a los ocupados por cuenta propia en actividades profesionales y técnicas. El conjunto de ocupados en instituciones de gobierno y empresas públicas conforma el empleo del sector público.

La OIT, para este Panorama Laboral, revisó las cifras hasta ahora utilizadas para evaluar la evolución de la estructura del empleo en la región durante esta década. Para esto, se estimó el empleo por segmento para doce países durante el período 1990-1998 (Anexo Estadístico). La fuerza de trabajo del conjunto de estos países representa el 91% de la PEA urbana total de América Latina. Como resultado de esta revisión, las cifras obtenidas presentan diferencias con las publicadas hasta el año 1998 (OIT, Panorama Laboral Nº 5). Los siguientes aspectos contribuyen a explicar esta diferencia. La nueva serie de datos indica que el porcentaje del empleo informal en el total para el conjunto de países alcanza a 47.9% en 1998 (Anexo Estadístico). Esta cifra es inferior a la publicada para el año 1997 (57.7%).

En primer lugar, los nuevos datos difieren de los anteriores en cuanto a la cobertura de la información recolectada. La serie actual de la estructura del empleo se refiere al empleo urbano, en circunstancias en que la serie anterior se refería al empleo no agrícola. Esto no plantea problemas en el caso de los países con un elevado grado de urbanización, pero sí lo hace en aquellos que tienen todavía un porcentaje relativamente alto de ocupados en zonas rurales. En estos últimos, el empleo de las actividades rurales no agrícolas es importante y contiene un elevado porcentaje de informalidad. Ello hace que en varios países (por ejemplo, los países de Centroamérica, Brasil y México), la medición actual de la estructura del empleo urbano sea diferente a la medición previa referida a los sectores no agrícolas. En estas condiciones, la nueva medición resulta en una disminución del porcentaje de ocupados informales en el empleo urbano de la región.

En segundo lugar, las diferencias se encuentran en los diferentes criterios utilizados para cuantificar a los ocupados en las microempresas y a los trabajadores por cuenta propia.

En cuanto a la proporción de ocupados en microempresas informales en el total, el principal origen de la divergencia entre la serie previa (23%) y la actual (16.3%) se encuentra en el tamaño de las empresas utilizado en la nueva medición. Al respecto, se señala que en los datos previos, el segmento de las microempresas incluía establecimientos con hasta diez ocupados en un número importante de países de la región, lo que sobrestimaba el tamaño del sector informal. Ello debido básicamente a la escasez de información confiable acerca de la ocupación por tamaño de empresa cuando se inició la construcción de la mencionada serie en 1980.

La inclusión de la pregunta acerca de la ocupación por tamaño de las empresas en la mayoría en las Encuestas de Hogares de América Latina durante los noventa, ha permitido que en la actualidad se tenga una medición más homogénea de los ocupados en el segmento de microempresas con hasta 5 ocupados. En la nueva medición, los ocupados en establecimientos con entre 6 y 10 ocupados forman parte del segmento de pequeñas empresas del sector privado moderno. Las cifras indican que estos ocupados representan un 24.8% del empleo moderno privado y un 9.7% del empleo urbano total de la región en 1998 (Cuadro 1b). Al agregar este último porcentaje a la proporción de ocupados en microempresas de la actual medición (16.3%) se obtiene un porcentaje (26%) que es ligeramente superior al de la serie anterior de ocupados en este segmento informal (23%).

En el caso de los ocupados por cuenta propia, la nueva medición indica que estos trabajadores representan un 24.7% del empleo total en 1998, (Anexo Estadístico) comparado con el 27.1% de la anterior (para el año 1997). La diferencia entre ambas estimaciones se debe, por un lado, a la diversa cobertura de las mediciones (urbana y no agrícola respectivamente) y, por otro, a que en la actualidad se puede medir mejor el grupo de ocupados por cuenta propia profesionales y técnicos.

Por último, y como resultado de las diferencias mencionadas, cambia la participación del empleo moderno en el total. En la medición revisada, el porcentaje del empleo formal en el total alcanza a 52.1% en 1998 (Anexo Estadístico), la que se compara con el 42.3% registrado en la serie previa para 1997. Dado que la medición del empleo público no se ha revisado, este cambio afecta básicamente al porcentaje del empleo moderno privado en el total: en la serie actual es de 39.1% en 1998, y es superior al 29.3% de la serie anterior (año 1997).




Por otra parte, la contribución del sector informal a la generación de nuevos empleos también varía por países. Según las nuevas cifras, 6 de cada 10 nuevos puestos de trabajo corresponden a actividades informales en el período (Gráfico 2b).

La contribución del sector informal en la generación de empleo no muestra una estrecha relación, sin embargo, con el tamaño del sector. Así, en los países que registran una contribución informal más alta, entre 7 y 9 de cada 10 nuevos puestos de trabajo creados pertenecen indistintamente a los tres grupos definidos. Brasil al de alta informalidad, Uruguay al de baja y Colombia al intermedio. Situación similar ocurre con los países que contribuyen con una proporción más cercana al promedio de la región, entre 5.5 y 6 de cada 10 nuevos puestos.

En este estrato se encuentran los de alta informalidad (Ecuador, Honduras y Perú), pero también países de informalidad intermedia como Venezuela y Costa Rica. Finalmente, el grupo de menor contribución informal (menos de 5 por cada 10 nuevos empleos) incluye tanto países de baja informalidad (Chile y Panamá), como países intermedios (México y Argentina).

3. La composición del empleo se modifica al interior de los sectores informal y formal

Además de cambiar la estructura del empleo desde ocupaciones formales a informales, se modifica la composición del mismo al interior de cada uno de los segmentos. Por una parte, cambia la participación de los ocupados por cuenta propia, el servicio doméstico y los ocupados en microempresas en el total del empleo informal. Por otra, en el sector moderno, la menor creación de empleo público es sustituida, al menos en parte, por la expansión de las empresas privadas (Gráfico 3b).



grafico2b


Las nuevas cifras muestran que en 1998 el empleo del sector informal de la región está compuesto por: ocupados por cuenta propia (51.6%), servicio doméstico (14.4%) y ocupados en microempresas (34.0%). Las tasas de crecimiento anual indican que, si bien el empleo informal en su conjunto se expandió en 3.9% por año entre 1990 y 1998, los trabajadores por cuenta propia lo hicieron en 3.6%, los trabajadores de microempresas en 3.8% y el servicio doméstico en 5.2%, esto es, a una tasa de crecimiento bastante superior a la del resto de trabajadores informales (Cuadro 1b). No obstante, dada su mayor participación, los ocupados por cuenta propia explican un 48% del aumento del total del empleo informal en el período, mientras que el servicio doméstico y las microempresas alcanzan a 18% y 34%, respectivamente.

En cuanto al sector moderno, los nuevos datos permiten analizar su evolución por tamaño de las empresas que generan los puestos de trabajo. Se definen como empresas pequeñas (6 y 20 ocupados), empresas medianas (21 y 100 ocupados) y como empresas grandes (de más de 100 ocupados).

La participación del empleo del sector moderno en el total de empleo urbano disminuyó de 55.6% en 1990 a 52.1% en 1998 (Cuadro 1b). El empleo público redujo su participación en el total de 15.5% a 13% entre ambos años; mientras que las empresas modernas privadas también contrajeron su participación de 40.1% a 39.1%. Aun así, el empleo del sector moderno privado creció en un 2.6% por año, constituyéndose en la única fuente de generación de empleos modernos.

La evolución diferenciada de los componentes público y privado del empleo del sector moderno resultó en cambios de su estructura interna. El empleo público que representaba un 28% del total del empleo moderno en 1990 pasó a tener una participación menor (25%), aunque todavía importante, en 1998. Por su parte, las empresas privadas aumentan su contribución al empleo moderno del 72% al 75%.



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La distribución del empleo de las empresas del sector moderno privado según el tamaño de los establecimientos varía entre 1990 y 1998. Las empresas pequeñas (6 a 20 ocupados) fueron las principales generadoras de empleo, pasando de un 22.9% del empleo total de las empresas modernas privadas en 1990 a un 24.8% del mismo en 1998. Se reduce la participación de las empresas medianas (de 21 a 100 ocupados) de 33.2% a 32.2%, y la de las empresas grandes de 43.9% a 43.0% en los mismos años (Cuadro 1b).

Las empresas pequeñas crecieron al 3.6%, las de tamaño mediano al 2.2% y las empresas grandes al 2.4%. Como consecuencia, de cada 100 nuevos empleos generados por el sector moderno privado durante la década, 25 fueron en empresas pequeñas, 32 en empresas medianas y 43 en empresas grandes (Cuadro 1b). En suma, los datos indican que, si bien las empresas pequeñas son las más dinámicas en materia de creación de empleo, la capacidad de generación de empleo del sector privado continúa dependiendo principalmente de la evolución del empleo en las empresas medianas y grandes.

4. Principales sectores generadores de empleo

A modo de conclusión de este análisis, se identifica a los sectores según su dinamismo y calidad del empleo generado en el período 1990-1998 (Gráfico 4b).

Desde una perspectiva agregada, se concluye que el sector informal representa la principal fuente de generación de empleo en América Latina, dado que 6 de cada 10 nuevos empleos corresponden a este sector en el período 1990-1998. El 40% restante fue creado en su totalidad por el sector moderno privado, dado que el sector público no generó nuevos empleos netos durante este período.

Al analizar la evolución del empleo desde una perspectiva más desagregada, se verifica que un grupo de ellos genera una parte significativa (57%) de los nuevos empleos (Gráfico 4b). De cada 100 nuevos empleos generados, 29 corresponden al segmento de trabajadores por cuenta propia, 21 al de microempresas y 17 al de empresas grandes (Cuadro 1b). El 43% restante corresponde al estrato de empresas medianas (13), al servicio doméstico (11) y al de empresas pequeñas (9).

Por otro lado, sólo una parte del empleo y de los nuevos puestos de trabajo generados en la región durante el período analizado son de "buena calidad"; esto es, con un nivel aceptable de remuneraciones y condiciones contractuales y niveles de protección adecuados. Los datos disponibles indican que un alto porcentaje de los ocupados en el sector público, en las empresas medianas y en las empresas grandes cumple con estas condiciones (Anexo Estadístico). Al aplicar este criterio, los nuevos datos muestran que los puestos de trabajo de buena calidad representaron un 46.4% del empleo total en 1990 y que este porcentaje se redujo a 42.4% en 1998. La reducción del porcentaje de los puestos de trabajo de mayor calidad en el total entre 1990 y 1998 muestra un deterioro (Cuadro1b). Los datos indican que sólo 3 de cada 10 nuevos empleos generados en el período 1990-1998 son puestos de trabajo de buena calidad. De estos últimos, 2 fueron creados en empresas grandes y 1 en empresas de tamaño mediano.



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