La recesión agudiza el deterioro del mercado laboral, si bien las perspectivas para el año 2000 mejoran

Los datos de América Latina y el Caribe para el período enero-septiembre de 1999 muestran una situación económica más crítica que la del año pasado. Como resultado de las políticas de ajuste adoptadas por los países para enfrentar los efectos de la crisis financiera internacional y de otros factores, como los vinculados a fenómenos naturales y a los bajos precios de los productos primarios, la mayor parte de las economías de la región está en recesión, aunque persiste el descenso de la inflacion.

* La inflación anualizada que fue del 9% en los tres primeros trimestres de 1999, es inferior tanto al 10% observado en igual período de 1998, como al 10.3% registrado en promedio el año pasado.

* La caída de la actividad económica por más de tres trimestres consecutivos en la mayor parte de los países considerados, configura un cuadro de recesión económica generalizada en la región. Las cifras del período enero-septiembre de 1999 muestran que se produjo una reducción del PIB regional (- 0.7%), si bien Panamá, Perú y México lograron mantener el crecimiento del producto en comparación con igual período del año anterior.

La recesión económica afectó el desempeño del empleo y los salarios. Al respecto, los resultados del período enero-septiembre de 1999 fueron los siguientes:

* La tasa de desempleo para el conjunto de América Latina aumentó desde 8.1% durante los tres primeros trimestres de 1998 a 9% en el mismo período de 1999. No obstante, la tasa de desempleo se redujo en Barbados, México, Panamá y Trinidad y Tabago. Se estima que la tasa de desempleo promedio del año será de 8.8% en 1999, superior al 8.2% registrado en 1998. El nivel previsto para 1999 retrotrae a la región a la situación de desocupación de 1983, año en el que la tasa de desempleo alcanzó el nivel más alto registrado durante la crisis de la deuda externa en la década pasada. Como consecuencia de la alta tasa de desempleo en 1999, hay en la actualidad 18 millones de personas sin empleo en las áreas urbanas de América Latina y el Caribe, 4,5 millones más que en 1998, cuando el número de personas sin trabajo alcanzó a 13.5 millones.

* La desocupación afecta especialmente a los trabajadores jóvenes y a los que pertenecen a hogares pobres. La tasa de desempleo de los primeros alcanza a 20.6% y la de los segundos a 15.2%. El desempleo se eleva a 19.5% entre las mujeres trabajadoras pertenecientes a hogares pobres.

* El aumento del desempleo fue suavizado por la retirada del mercado de trabajo de un significativo contingente de personas desalentadas por la crisis: tres millones de personas abandonaron el mercado de trabajo durante el ajuste en curso. Ello contribuyó a moderar el aumento de la oferta laboral, la que crece en un 2.2% anualizado en los meses de enero-septiembre de 1999. (Cabe señalar que este aumento de la PEA alcanzó al 3.1% por año en el período de 1990-1998.)

* Si bien el empleo total aumentó en 1.3% durante los tres primeros trimestres del presente año, cambió su composición sectorial y la calidad del mismo continuó deteriorándose.

* El empleo industrial de la región se contrajo en 6.5% durante el período analizado, en relación con igual período de 1998, y el de la construcción cayó en 8%. Esto significó una pérdida de puestos de trabajo que se estima alcanzó a 2.3 millones de trabajadores en la industria y a un millón en la construcción.

* Se estima que el empleo del sector moderno, se redujo en 2.6% durante los meses de enero-septiembre de 1999 en comparación con igual período del año anterior. Esto significa que la totalidad del empleo generado lo fue en actividades informales, cuya ocupación aumentó en 4.1% en el mismo período.

* La productividad media se redujo en 2.0% en los primeros trimestres de 1998, (Cuadro 1) como resultado de que la caída del PIB (-0.7%) fue acompañada por un aumento del empleo (1.3%).

* La contracción de 1.2% que experimentaron los salarios reales del sector industrial durante los tres primeros trimestres, en condiciones de inflación decreciente, constituye otro efecto importante del ajuste recesivo sobre el desempeño laboral. No ocurre lo mismo con el poder adquisitivo del salario mínimo, que se incrementa en 2.7%, cifra que es bastante superior al promedio del período 1990-1998 (0.6%). Ello, como resultado de que durante la crisis la mayoría de los países intensificó la aplicación de políticas activas de ajuste del salario mínimo en defensa del ingreso de los sectores más vulnerables.

El desempeño laboral de los doce países analizados entre los meses de enero y septiembre de 1999 es diverso. Ninguno de ellos tuvo un desempeño laboral de buena calidad. En la mitad de los países se registra una combinación de avances y retrocesos, mientras que en los otros seis países se observa un deterioro de la situación laboral.

Sin embargo las perspectivas son que el panorama laboral de América Latina y el Caribe del año 2000 mejore.

* Para el promedio del presente año, la tasa de desempleo alcanzará un 8.8% superando la registrada en 1998 (8.2%), como indican las proyecciones efectuadas por la OIT. La actividad económica disminuirá en 0.6% en el año y la inflación se situará en torno del 9%, cifra que es inferior a la de 1998 (10.3%).

* Sin embargo, las perspectivas son que el desempeño laboral en el año 2000 mejorará. Se espera que la tasa de desempleo promedio de la región descienda a 8.3% en el próximo año; esto es, a un nivel semejante al de 1998. Se prevé que el desempleo comenzará a ceder en el segundo semestre del próximo año, pasando de 8.7% en el segundo semestre de 1999 a 8.1% durante el mismo semestre del año 2000. Ello se deberá básicamente a la recuperación del crecimiento económico, dado que la expansión del PIB alcanzaría a 3.7% en el año 2000.



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Las recientes políticas de ajuste macroeconómico

La política económica de los países de América Latina y el Caribe se vio seriamente amenazada a partir de mediados de 1997, como consecuencia de: a) los efectos de la crisis asiática, b) la agudización de los desequilibrios externos, proceso al que contribuyó la caída de los precios de los bienes primarios de exportación. Además, el costo del menor financiamiento disponible aumentó considerablemente en respuesta al mayor riesgo de la inversión; y c) la expectativa de propagación de la crisis financiera en Brasil, lo que afectaría el desempeño económico del conjunto de países de la región, en especial los del Mercosur. En este contexto, se analizan a continuación algunos efectos sobre el mercado de trabajo que tuvieron las políticas macroeconómicas aplicadas para enfrentar esta situación. Específicamente, se analiza la importancia relativa de los principales componentes de política en el proceso de ajuste, los efectos de éste sobre la competitividad y sobre los niveles de actividad económica y empleo.

La política macroeconómica se volvió más restrictiva. Ello, con la finalidad de recuperar la confianza de los inversionistas en los programas de estabilización y evitar así la salida de capitales, ajustando la demanda y el nivel de actividad al nuevo escenario externo, caracterizado por una creciente incertidumbre.



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Si bien en los nuevos programas de estabilización aplicados a partir de 1998 se adoptaron medidas para ajustar el sector público, el déficit fiscal promedio de la región aumentó, lo que indica que la política fiscal no contribuyó a reducir la demanda interna, ni a contener la expansión del déficit externo. Así, la expansión fiscal representó un factor de presión adicional, lo que profundizó el ajuste por la vía monetaria y elevó la tasa de interés (Gráfico 1). Esto afectó especialmente al sector privado y a la capacidad de generación de empleo, si bien esto último fue parcialmente compensado por la acción del Estado en la generación de empleo de corto plazo.

La política cambiaria, facilitada por la abundante entrada de capitales durante el período de pre-crisis, estuvo más vinculada al control de la inflación que a la reducción del déficit externo. A partir de la segunda mitad de 1998, y particularmente durante 1999, la apreciación del tipo de cambio real está siendo crecientemente sustituida, en un número importante de países, por una política de flexibilización cambiaria que tiende a privilegiar la devaluación real de las monedas antes que la utilización de reservas para enfrentar el desequilibrio externo (Gráfico 1).

En este contexto, la política monetaria tuvo un papel fundamental en reducir las presiones de la demanda interna contribuyendo, por esta vía, al ajuste del sector externo. A partir de la crisis asiática, la oferta monetaria se redujo fuertemente y en línea con la contracción crediticia. Esta última fue el resultado de políticas que indujeron un aumento rápido y sostenido de las tasas de interés para atraer el capital extranjero y proteger el tipo de cambio. El mayor costo del crédito incidió, a su vez, en la caída de la demanda agregada y de la actividad económica (Gráfico 1). Sin embargo, en la medida en que se flexibilizó el tipo de cambio, comenzó a reducirse rápidamente la tasa de interés durante el primer semestre de 1999, estabilizándose en cerca de 12%, nivel que todavía es alto en comparación con las tasas de interés internacionales y con el nivel registrado en los años anteriores.

La competitividad de los sectores de transables resultó afectada como consecuencia de los ajustes aplicados, tanto por los países latinoamericanos, como por los países asiáticos donde se originó la crisis reciente. Al respecto, cabe señalar que las ganancias de competitividad externa se logran si la productividad del trabajo aumenta más rápidamente que los costos laborales medidos en dólares. Así, por ejemplo, en períodos de rápida apreciación o depreciación cambiaria, el cambio en la competitividad estará determinado en el corto plazo por el comportamiento del tipo de cambio antes que por la evolución de la productividad y los salarios.

La rápida devaluación del tipo de cambio iniciada por los países asiáticos a mediados de 1997, provocó ganancias de competitividad frente a las economías de América Latina y del resto del mundo en el período 1997-1998 (Gráfico 2).



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Posteriormente, con la flexibilización de la política cambiaria en América Latina (1998-1999) se reducen los costos laborales en dólares, además de que la contracción del empleo industrial contribuye al aumento de la productividad. Por otra parte, en los países asiáticos la apreciación del tipo de cambio combinados con un lento crecimiento de la productividad resultó en pérdidas de competitividad en el mismo período. Se produce así una parcial reversión en las ganancias de competitividad que favorece a los países latinoamericanos.

Al respecto, cabe hacer un comentario. Las ganancias extraordinarias de competitividad logradas por Brasil (59%) después de la rápida devaluación del Real a comienzos de este año, han tenido efectos directos sobre el comercio intra latinoamericano y, particularmente, entre los socios comerciales del Mercosur.

Por último, la actividad económica se contrajo como resultado de las políticas de ajuste adoptadas en la mayoría de los países de la región (Gráfico 3), si bien éstas han sido exitosas en lograr que continúe el descenso de la inflación. En efecto, la inflación anualizada, que fue del 9% en el período enero-septiembre de 1999, es inferior tanto al 10% observado en igual período de 1998, como al nivel promedio registrado el año pasado (10.3%).

Por otra parte, el crecimiento económico promedio disminuyó progresivamente durante 1998: 4.7% en el primer trimestre, 3.3 % en el segundo, 1.8% en el tercero, hasta registrar un - 0.9% en el cuarto trimestre (Gráfico 3). Los datos del año 1999 muestran una variación del PIB regional de - 0.6% en el primer trimestre, de -1% en el segundo trimestre y de -0.5% en el tercer trimestre, lo que configura un cuadro de depresión económica, la que agudiza el deterioro laboral en la región.


Crisis económica y mercado laboral

El ajuste recesivo en curso está teniendo serios efectos sobre el mercado de trabajo, aumentando la vulnerabilidad del mismo. El desempleo sube, aun cuando el crecimiento de la oferta laboral se modera por el retiro de la fuerza de trabajo desalentada. El empleo total creció poco y su calidad continúa deteriorándose. La productividad disminuye y los salarios de la industria caen en términos reales, aun cuando la inflación es menor. Sin embargo, los salarios mínimos mejoran significativamente en comparación con los del año pasado, como resultado de que la mayoría de los países continuó aplicando políticas activas durante el ajuste.

Aumenta el desempleo en 1999: los jóvenes y los trabajadores pobres son los más afectados

La recesión en la que se encuentra la actividad económica de la mayor parte de los países latinoamericanos ha provocado un aumento del desempleo abierto urbano de la región en su conjunto desde 8.1% en los tres primeros trimestres de 1998 a 9% en el mismo período del presente año (Gráfico 3). Esto significa que en las áreas urbanas de América Latina y el Caribe hay actualmente 18 millones de desocupados, 4,5 millones más que a comienzos del año pasado, cuando el número de personas sin trabajo alcanzó a 13.5 millones.

El desempleo abierto urbano aumentó en la mayoría de los países. Sólo en Barbados, México, Panamá y Trinidad y Tabago, el desempleo disminuye (Anexo Estadístico). Es de notar que actualmente en diez de los quince países para los que se dispone de información, la tasa de desempleo promedio del período enero-septiembre alcanza ya dos dígitos: Argentina (14.5%), Barbados (11.1%), Chile (10.1%), Colombia (19.8%), Ecuador (11.1%), Jamaica (15.8%), Panamá (13.0%), Trinidad y Tabago (12.9%), Uruguay (12.1%) y Venezuela (15.3%). En estos países, el desempleo femenino se acerca al 20% y el de los jóvenes al 25%.

El desempleo de los jóvenes, por su parte, aumentó de 18.9% a 20.6% en el conjunto de los países de la región, en igual período (Anexo Estadístico). Como se observa, son los jóvenes los más perjudicados por la actual situación económica que se vive en la mayoría de los países de la región, y ellos explican un alto porcentaje del aumento del desempleo total en el período considerado. En la actualidad, uno de cada cinco jóvenes está desempleado en América Latina.



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Por otro lado, la desocupación y la pobreza están estrechamente asociadas. Se estima que la tasa de desempleo promedio de los trabajadores de la región con menores ingresos alcanzó a 15.2% en 1999, la que es 1.7 veces más alta que el promedio urbano (9%), 2.3 veces superior a la de los de ingresos medios (6.7%) y 4.2 veces más elevada que la de los trabajadores pertenecientes a las familias de más altos ingresos (3.6%). Además, los desocupados de los hogares pobres representan un 59.0% del desempleo total urbano de la región. Al respecto, cabe destacar que las mujeres pertenecientes a los hogares más pobres resultaron especialmente afectadas por el desempleo. Ello, considerando que la tasa de desocupación de este grupo de trabajadoras se elevó a 17.5%, prácticamente duplicó (1.9 veces) la tasa de desempleo promedio urbana de la región en 1999 (ver sección de temas especiales).

En cuanto a la evolución de la tasa de desempleo promedio de la región por sexo, se observa que el desempleo de los hombres aumentó más que el de las mujeres: de 7.2% en los tres primeros trimestres de 1998 a 8.2% en el mismo período de 1999 en el caso de los hombres, y de 9.5% a 10.2% en el de las mujeres (Anexo Estadístico). Sin embargo, sólo en pocos países ocurrió lo contrario. Así, en Argentina, Uruguay y Venezuela el desempleo de las mujeres aumentó más que el de los hombres. En México y Panamá el desempleo general disminuyó debido especialmente a la reducción del desempleo femenino. A pesar de este comportamiento, la tasa de desempleo promedio de las mujeres sigue siendo superior (25%) a la de los hombres en la región (ver sección de temas especiales).

Considerando que el PIB se contrajo en 0.7% durante los primeros trimestres del presente año respecto a igual período de 1998 y que el empleo sólo aumentó en 1.3%, era de esperarse un aumento del desempleo total urbano mayor al observado (Anexo Estadístico). No ha ocurrido así debido a que, junto con la retracción de la actividad económica (Gráfico 3), el crecimiento de la oferta laboral de la región se ajustó debido, principalmente, a la reducción de la tasa de participación en Brasil y México, cambiando así la tendencia de años anteriores.

Moderada expansión de la oferta laboral

El crecimiento de la fuerza de trabajo urbana de la región disminuyó como consecuencia de una reducción de la tasa promedio de participación laboral. Así, se estima que la tasa global de participación (promedio ponderado) del conjunto de países para los que se cuenta con información pasó de 58.5% en los primeros trimestres de 1998, a 57.8% en igual período del presente año (Gráfico 3).

Al respecto, cabe hacer dos comentarios. Los que más han contribuido en términos absolutos a esta caída son los hombres, ya que la tasa de participación de los mismos se reduce de 75.1% a 74%. En comparación, la reducción de la tasa de participación en el caso de las mujeres fue menor: desde 44.1% en 1998 hasta un 43.3% en 1999 (Anexo Estadístico). Sin embargo, la tasa de participación de las mujeres tuvo una contracción mayor en términos porcentuales que la de los hombres, dado que la reducción de la participación femenina fue del 1.8% y la de los hombres del 1.5% en el período considerado.

La caída de la tasa de participación, que ya había comenzado a observarse en el segundo semestre de 1998, refleja básicamente lo ocurrido en Brasil (caída de 1.4 puntos porcentuales en la tasa total; 2.0 puntos de por ciento la de los hombres y 1.4 puntos la de las mujeres), y en México (caída de 1.1 punto porcentual la general; de 1.3 puntos la femenina y de 0.6 la de los hombres). En Argentina y Chile, la tasa de participación total se estancó debido a que en ambos países aumentó la participación femenina y se contrajo la masculina. En Colombia, Panamá, Uruguay y Venezuela aumenta la tasa de participación general y la correspondiente a ambos sexos.

Como resultado de estos cambios, 3 millones de personas se retiraron de la fuerza de trabajo urbana en el conjunto de la región durante 1999. Este fenómeno es especialmente notorio en Brasil, donde aproximadamente un millón y medio de trabajadores abandonó el mercado de trabajo urbano durante el ajuste.

Esta caída de la tasa global de participación resultó en un moderado crecimiento de la PEA (2.2%), si se lo compara con el registrado durante los años 1990-1998 (3.1%).

Cambios en la composición y en la calidad del empleo

Si bien el empleo total aumentó durante los tres primeros trimestres del presente año (1.3%), se produjeron cambios que afectaron tanto la composición sectorial, como la calidad del mismo.

La industria y la construcción fueron los sectores más afectados por las políticas de ajuste, específicamente por el comportamiento del tipo de cambio y la tasa de interés. Como resultado, el empleo industrial de la región se contrajo en 6.5% y el de la construcción cayó en 8.0% durante los tres primeros trimestres de 1999, en comparación con igual período de 1998 (Gráfico 4). Esto significó una pérdida de puestos de trabajo que se estima alcanzó a 2.3 millones de trabajadores en la industria y a un millón de trabajadores en la construcción. La caída de la ocupación de ambos sectores fue contrarrestada por un aumento del 3.6% del empleo en el sector de servicios.

Por otro lado, los datos parciales disponibles sugieren que la calidad del empleo habría disminuido. Se estima que el empleo del sector moderno privado se contrajo en aproximadamente 2.6%, especialmente en el segmento productor de bienes transables. Al respecto, los datos indican una caída de las exportaciones en un número de países durante los tres primeros trimestres de este año con respecto a igual período del año anterior.



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El valor nominal de las exportaciones del período enero-septiembre de 1999 respecto a igual período del año anterior, disminuyó en Argentina (-13.8%), Brasil (-13.6%), Colombia (-1%), Uruguay (-19.0%) y Venezuela (-25.9%). Al mismo tiempo, las exportaciones aumentaron en Chile (1%), Perú (11.4%) y México (14.4%) durante el mismo lapso. En los países en los que el valor de las exportaciones se redujo o que creció poco, ello se debió, básicamente, a la prolongación de la caída de los precios de los productos tradicionales y a la fuerte compresión de la demanda externa de los productos industriales durante el período. Esto último está teniendo efectos significativos sobre los niveles de producción y ocupación de los sectores de transables, que son fundamentales en la evolución del empleo moderno. Al respecto, las cifras indican que el empleo en el sector de transables (industria) representa un 41% del empleo moderno privado total de la región.

Se estima que el empleo informal habría experimentado un crecimiento del orden del 4.1% durante los tres primeros trimestres de 1999 respecto a igual período del año pasado (Gráfico 4). Este aumento explica la totalidad del empleo neto generado en el período analizado. El crecimiento del empleo informal se estimó con base en datos de ocupados urbanos por cuenta propia, único indicador disponible para analizar la evolución del empleo del sector informal urbano en el corto plazo. De acuerdo a las cifras de años anteriores, los ocupados por cuenta propia aumentan a una tasa similar a la de los trabajadores de microempresas y su expansión explica cerca del 50% del aumento del empleo informal en la región (ver sección de temas especiales).

La información de las Encuestas de Hogares de los países muestra que la participación de los trabajadores por cuenta propia en el total del empleo urbano, se redujo sólo en Argentina y México (de 28.3% a 28.0% y de 17.9% a 17.4% respectivamente) entre enero-septiembre de 1998 y el mismo período de 1999. Este porcentaje se mantuvo prácticamente constante en Uruguay (pasó de 21.9% en el primer trimestre de 1998 a 21.8% en el mismo trimestre de 1999). La incidencia de los trabajadores por cuenta propia en el total aumentó en todos los demás países con información disponible entre los primeros tres trimestres de 1998 y el mismo período de 1999: en Brasil de 23.0% a 23.6%, en Chile de 23.4% a 24.7%, en Colombia de 27.3% a 32.3% y en Panamá de 28.8% a 29.4% respectivamente. Además, se señala que los datos de Brasil, muestran que la participación de los trabajadores sin contrato escrito y sin protección (una parte de ellos son asalariados informales) aumentó de 25.4% en los meses de enero a septiembre de 1998 a 26.3% en el mismo período del presente año.

El hecho de que la expansión del empleo total se deba en su totalidad al aumento de la ocupación informal durante el período recesivo (1998-1999), quiebra la tendencia de años anteriores. De acuerdo a las nuevas cifras elaboradas por la OIT, el crecimiento del empleo informal explica sólo una parte (61%) del aumento del empleo urbano de la región en el período 1990-1998. El restante 39% corresponde a la contribución de las empresas privadas pequeñas, medianas y grandes del sector moderno a la generación de empleo en el mismo período.

Finalmente, se habría producido un aumento de la proporción de trabajadores sin protección social. Este aumento se habría originado, por un lado, en la contracción del empleo moderno y, por otro, en el crecimiento del sector informal. Esto último debido a que en la actualidad sólo un reducido porcentaje (26%) de los ocupados informales tiene protección social (Recuadro 1).

Evolución de los salarios reales

Los salarios reales del sector industrial experimentaron una contracción del 1.2% en los primeros trimestres de este año respecto a igual período del año anterior (Gráfico 3); esto, a pesar de que ha continuado el éxito en reducir la inflación. El ajuste del salario real industrial, que empezó a producirse a fines de 1998 y que, aun así, no logra impedir que el empleo se contraiga, quiebra la tendencia observada en los últimos años durante los cuales el salario industrial se incrementó en 2.1% por año.

Por el contrario, los salarios mínimos aumentaron en términos reales en 2.7% durante los primeros tres trimestres de 1999 respecto a igual período del año anterior.

En los países considerados, el salario real industrial se contrajo durante los primeros tres trimestres de 1999 en Argentina (-0.3%), Brasil (-2.6%) y México (-1.5%).



RECUADRO 1

AMERICA LATINA: COBERTURA DE LA PROTECCION SOCIAL

En América Latina, cerca de 76 millones de trabajadores no están cubiertos por sistemas de seguridad social. Ello equivale al 38.4% de los asalariados. Más aún, entre 1990 y 1998 se observa una disminución en la cobertura, la que se reduce de 67% a 62%.

Las mujeres están menos protegidas que los hombres (60% y 63%, respectivamente), pero las diferencias no son de gran magnitud y se concentran exclusivamente en las trabajadoras en el servicio doméstico. Las asalariadas, tanto en empresas de mediano y gran tamaño, como incluso en las microempresas, tienen un grado de cobertura que supera al de los hombres.

Las mayores diferencias de cobertura se asocian a la informalidad ya que, en promedio, sólo el 26% de las trabajadoras en servicio doméstico y microempresas está protegido; esto es, un tercio de la cobertura que se registra para los trabajadores formales (77%). No obstante, es interesante observar que la falta de cobertura de la seguridad social no es exclusiva de la informalidad sino que se registra también, aunque en menor grado, en los sectores modernos. Las definiciones de informalidad basadas en la desprotección tienden, de acuerdo a la información disponible, a aproximarse numéricamente a la estimación a partir de la posición ocupacional. Sin embargo, son conceptualmente diferentes, registrándose una mayor superposición de ambas características sólo para los trabajadores en las microempresas y los autónomos.

La cobertura y su evolución difieren entre países, aunque durante los noventa la desprotección aumenta en todos, excepto en Colombia y Uruguay. Las reformas de la seguridad social con mayor antigüedad, en Chile y Perú, no muestran una tendencia diferente en relación con la población cubierta. Los niveles de cobertura varían, registrándose países que superan el 70% como Uruguay, Chile, Costa Rica, Colombia y Brasil y, al otro extremo, países como Ecuador, Perú y Venezuela con coberturas inferiores al 50%. Lo mismo ocurre en relación con la diferencia de cobertura entre asalariados formales e informales, donde los países con mayor cobertura presentan diferencias inferiores a 2 puntos de por ciento (y en el caso de Uruguay niveles similares en ambos sectores); mientras que los de cobertura baja registran diferencias superiores a 4 puntos de por ciento.






En tanto, aumentó en Chile (2.6%), Colombia (2.3%), Perú (2.2%) y Uruguay (1.4%). Por su parte, el salario mínimo real aumentó en todos los países, excepto en Ecuador (-5.8%), Honduras (-3.6%), México (-1.1%), Paraguay (-3.3%) y Perú (- 2.5%). La capacidad adquisitiva del salario mínimo aumentó levemente en Argentina (0.7%), Brasil (1.5%) y Uruguay (0.3%), y significativamente en Bolivia (39.5%), Chile (4.4%), Colombia (6.0%), Costa Rica (2.1%), El Salvador (2.4%), Guatemala (4.8%), Panamá (3.4%) y Venezuela (5.9%).

A pesar del aumento que experimentó el poder adquisitivo del salario mínimo en la mayoría de los países en 1999, éste sigue siendo inferior al de 1980 en todos ellos, excepto en Chile, Colombia, Costa Rica, Panamá y Paraguay. Más aún, en el caso de El Salvador, México y Perú, el nivel actual equivale a un tercio del vigente veinte años atrás.

La evolución del progreso laboral en 1999

Como se ha señalado, la situación laboral muestra un deterioro en el período enero-septiembre de 1999, como lo evidencia el comportamiento negativo de los principales indicadores del desempeño del mercado del trabajo, en comparación con igual período del año pasado.

La contracción económica inducida por las políticas de ajuste frente a la crisis financiera internacional resultó en un aumento del desempleo abierto y de la informalidad, así como en cambios en la composición sectorial del empleo desde las actividades productoras de bienes a las de servicios y de las actividades modernas a las informales. Ello afectó negativamente a la productividad media y a los ingresos del trabajo: los salarios reales de la industria disminuyeron, aun cuando se desaceleró la inflación. Sin embargo, mejoró el poder adquisitivo del salario mínimo.

Estos cambios no afectaron por igual a todos los países de la región, aunque en la mayoría de ellos el mercado del trabajo se deterioró y, en otros, algunos indicadores continúan mejorando. Con la finalidad de mostrar este comportamiento diferenciado, se distingue tres grupos de países en función de la calidad del desempeño laboral en 1999 (Cuadro 2).

Alta

Incluye a aquellos países en los que se reduce el desempleo abierto, mejora la calidad del empleo (disminuye la informalidad), aumentan los salarios reales, tanto industriales como mínimos y además crece el producto por persona ocupada. El comportamiento de estos indicadores muestra que ninguno de los países considerados presenta un buen desempeño laboral en 1999.

Panamá y Uruguay, que fueron parte de este grupo en 1998, dejaron de pertenecer a éste en el presente año.

Mediana

En este grupo, la situación del empleo, los salarios y la productividad evoluciona de manera diversa, pues mejoras en algunos indicadores son compensadas por deterioros en otros. En esta situación se encuentran seis países.



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En Panamá y Trinidad y Tabago se reduce la desocupación. Sin embargo, la calidad del empleo se deteriora en este último y no cambia en Panamá. En ambos países aumenta el salario real de la industria, y en Panamá aumenta también el salario mínimo real. Sin embargo, la productividad aumenta en Trinidad y Tabago y se reduce en Panamá. En Barbados, el desempleo disminuye y aumenta el salario real de la industria, en cambio empeora la calidad del empleo.

En Chile y Uruguay, si bien se registran aumentos del salario industrial y el salario mínimo en términos reales, se agudizan los problemas de desempleo. Sin embargo, la informalidad se mantiene en Uruguay y aumenta en Chile. Ello, en un marco de aumento de la productividad en Chile y de estancamiento de la misma en Uruguay. Por el contrario, en México se reducen el desempleo y la informalidad y en tanto se contraen los salarios reales (industrial y mínimo), aun cuando aumenta la productividad.

En cuanto a la evolución de los países, Barbados, Chile, México y Trinidad y Tabago mantienen este nivel de desempeño laboral al igual que el año anterior. Se agregan Panamá y Uruguay, que pasan del grupo de alta calidad al grupo medio.

Baja

Incluye a seis países que registran deterioros en el mercado laboral. Es el caso de Argentina, Brasil, Colombia, Jamaica, Perú y Venezuela. En todos ellos, la tasa de desempleo se eleva, excepto en Brasil y Jamaica, donde permanece constante. La informalidad aumenta en todos los países, excepto en Argentina y Jamaica, donde se reduce. Los salarios reales de la industria tienen un comportamiento diverso: mejoran en Colombia, Perú y Venezuela y se deterioran en Argentina, Brasil y Jamaica. Sin embargo, en todos ellos mejoró el poder adquisitivo del salario mínimo, excepto en Perú y Jamaica. Por otra parte, la productividad disminuye en todos los países mencionados, excepto en Perú y Jamaica. Todos los países de este grupo mantienen el nivel de desempeño laboral registrado en 1998.

En resumen, los cambios observados muestran que la situación laboral de 1999 es más crítica que la del año pasado. De los doce países reseñados, ninguno de ellos presenta un desempeño laboral de alta calidad, en el que se combinen un menor desempleo y una mejora en la calidad del empleo, con un aumento tanto de los salarios reales como de la productividad. La mitad de los países registra mejoras y deterioros, mientras que en los seis restantes los indicadores muestran un bajo desempeño laboral, caracterizado en la mayoría de los casos por el aumento del desempleo y de la informalidad, así como por la reducción de la productividad. En cuanto a la evolución de los salarios reales, en casi todos estos países aumenta el salario mínimo y sólo en algunos mejora el salario industrial.

Perspectivas laborales para el bienio 1999-2000

La contracción que experimentó la actividad económica durante los tres trimestres de este año, limita necesariamente las perspectivas del crecimiento de las economías de América Latina y el Caribe para el año 1999. Sin embargo, se espera que se produzca una recuperación a partir del último trimestre de este año, la que se mantendría durante el próximo. Al respecto, se estima que la tasa de desempleo promedio de la región, que alcanzó a 8.2% en 1998 y aumentaría a 8.8% en 1999, se situará en torno al 8.3% en el año 2000.

Como resultado de las políticas de ajuste aplicadas por los países para hacer frente a los efectos de la crisis financiera y de otros factores, como los bajos precios de los productos primarios y los fenómenos naturales, se configura un escenario de recesión económica para la región en 1999. Las expectativas de crecimiento económico para el presente año han evolucionado conforme se ha venido profundizando el ajuste de los países, especialmente el de Brasil. Así, de los escenarios optimistas de crecimiento (entre el 0% y 1%) de fines del año pasado, se pasó al pesimismo durante el primer trimestre de este año -inmediatamente después de efectuado el ajuste brasileño- al preverse una recesión económica para la región (-2%).





Posteriormente, el hecho que la economía brasileña respondiera más rápido que lo previsto a las políticas de ajuste aplicadas, indujo un nuevo cambio en las expectativas, conformándose así un escenario menos pesimista respecto a la evolución de la actividad económica, la que se contraería en 0.6% en promedio durante el presente año (Anexo Estadístico). Las proyecciones de empleo y desempleo de los países de la región para el bienio 1999-2000 se basan en este último escenario.

En este contexto, se prevé que el crecimiento económico de la región, que ha sido negativo durante la mayor parte de 1999, se recupere a partir del cuarto trimestre del año (Anexo Estadístico). Esta recuperación se mantendrá durante el 2000, año en el que el crecimiento económico de la región alcanzaría al 3.7% (Gráfico 5). En cuanto a la tasa de desempleo estimada para el presente año, se señala que la actual proyección diverge de la realizada por la OIT en diciembre de 1998. De acuerdo a esta última, la tasa de desempleo promedio de la región alcanzaría a 9.5% en 1999, considerando para ello que el crecimiento del PIB se situaría entre _1% y 0% en el año. Cabe destacar que la corrección hacía abajo de la tasa de desempleo regional proyectada para 1999 (de 9.5% a 8.8%) obedece básicamente al menor desempleo registrado por Argentina y Brasil, en comparación con el esperado para los tres primeros trimestres de este año.

De acuerdo a la proyección actual, se estima que en la mayoría de los países analizados el desempleo abierto alcanzará su mayor intensidad en el segundo semestre de 1999, por la alta tasa alcanzada en el tercer trimestre, para luego descender progresivamente durante el año 2000, conforme se recupere el crecimiento económico (Gráfico 5). Durante el próximo año, la tasa de desempleo promedio de la región alcanzaría al 8.3% (Anexo Estadístico).

Finalmente, cabe hacer algunas consideraciones acerca de las políticas para enfrentar el problema de desempleo generado por la crisis. En primer término, se destaca que el crecimiento económico es un factor indispensable para enfrentar ese desafío. Al respecto, se estima que si el crecimiento del producto previsto para el año 2000 es impulsado por una política económica relativamente expansiva (una tasa de interés moderada y una política activa de tipo de cambio), la tasa de desempleo disminuiría en 0.6 puntos porcentuales: de 8.7% en el segundo semestre de 1999, a 8.1% durante el mismo semestre del año 2000. Además, las proyecciones muestran que la reducción del desempleo es lenta, dado que existe un rezago entre el crecimiento del producto y el aumento del empleo (alcanza a un semestre en la mayoría de los países). De allí que, aún con la recuperación económica, la tasa de desocupación promedio continuaría siendo elevada (8.3%) en comparación con el nivel de pre-crisis (6.7%) por un período cercano a un año (entre el cuarto trimestre de este año y el tercer trimestre del 2000).

Cabe destacar que la persistencia de un alto desempleo afectará principalmente a los sectores de bajos ingresos y también a los jóvenes, que deberán soportar tasas de desocupación significativamente más altas que el promedio durante la mayor parte del año 2000. Además, se destaca que ambos grupos representan una fracción importante del desempleo total. Esto último adquiere importancia en el momento de diseñar medidas para disminuir el desempleo, pues muestra que, si bien la política macroeconómica tiene capacidad para enfrentar el desempleo, sus efectos sobre la ocupación operan con rezago. De allí la necesidad de complementar este esfuerzo con políticas sectoriales orientadas especialmente a los sectores industrial y de la construcción y con programas de generación directa de empleos, si se desea reducir rápidamente la desocupación y aumentar el ingreso de los sectores más afectados por el ajuste recesivo.

Mas aún, en coyunturas como las actuales se hace más evidente la vulnerabilidad de un número importante de trabajadores que labora en actividades informales, como cuenta propia y en microempresas, así como en empresas de tamaño pequeño y mediano del sector formal privado. Ello hace evidente, también, la importancia de introducir oportunamente mecanismos de protección social, especialmente de seguro al desempleo. De hecho, estos temas están siendo abordados por las políticas que se vienen aplicando en algunos países o al menos están en discusión en la mayoría de los países de la región.



Para mayor información, diríjase a la Oficina Regional para las Américas: Las Flores 275, San Isidro, Lima - Perú. Tel: +51 1 615 0300. Fax: +51 1 615 0400. Correo Electrónico: oit@oit.org.pe
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