1. Lenta respuesta del mercado laboral
a la recuperación económica

•  El desempleo no cede. La tasa promedio de los primeros tres trimestres del 2000 es 8.9%, similar a la registrada en el mismo periodo de 1999 (9.0%).

•  La resistencia del desempleo a disminuir se manifiesta aun cuando se fortalece la recuperación económica - en el primer semestre se observa una tasa de crecimiento del PIB de 4.3% - y no aumenta significativamente la presión salarial.

•  Los salarios industriales y mínimos crecieron en 1.2% y 0.5%, respectivamente, sustentados en el crecimiento de la productividad (1.3%) y en la menor inflación (se redujo de 8.4% el primer semestre de 1999, a 7.9% en el mismo periodo del 2000).

•  Durante los primeros tres trimestres del año 2000, el desempeño del mercado laboral de la región es inferior al esperado, aun cuando la actividad económica está creciendo a un ritmo superior al previsto. Este fenómeno se debería a que, a pesar de la reacción de la demanda de trabajo en respuesta al crecimiento del PIB, también se produce una expansión similar de la oferta (3.2% la oferta, 3.0% la demanda). Ello determinará si la tasa de desempleo se mantiene estable.

•  El desempleo promedio también se mantiene constante para hombres, mujeres y para los más jóvenes. La tasa de desempleo de estos últimos es 2.1 veces la tasa de desocupación total.

•  En este panorama general, México constituye la excepción al mostrar una clara tendencia a la reducción del desempleo y un rápido aumento de los salarios reales, como resultado de una sólida recuperación económica.

•  El desempeño laboral de los países en la última década fue errático, aunque en un marco de leve mejoría. Entre 1990 y el 2000, siete países registraron un mejoría en su desempeño laboral, medido como índice compuesto que incluye cambios en el nivel y calidad del empleo, remuneraciones y productividad. Ellos fueron Chile, Costa Rica, El Salvador, Honduras, México, Panamá y Perú. Otros tres se mantuvieron sin variaciones: Bolivia, Brasil y Uruguay. En cinco (Argentina, Colombia, Ecuador, Paraguay y Venezuela), la situación laboral se deterioró.

•  Al analizarse el desempeño laboral en términos relativos entre países, el balance de la década destaca una ubicación constante de Chile y México en el estrato más favorable, y también permanencia, aunque en estratos más bajos y descendientes de Argentina, Uruguay y Venezuela. Cambios favorables, aunque por lo general pequeños, se observaron en Costa Rica, Panamá, Honduras, El Salvador, Perú y Bolivia. Por el contrario, el balance destaca una pérdida pequeña en Brasil y mayores en Colombia, Ecuador, Paraguay.

•  Las proyecciones efectuadas por la OIT indican que con un crecimiento del producto del 4.3%, la tasa de desempleo sería 9.0% en el año 2000. Como resultado de la aceleración del crecimiento económico esperada, las perspectivas del empleo mejorarán a partir del segundo semestre del 2000 y durante el año 2001. La recuperación económica estable permitiría una disminución del desempleo en cerca de un punto porcentual. En el año 2001, se estima que el crecimiento del PIB alcanzaría el 4.2%, con un desempleo de 8.1%. Con esto, la tasa de desempleo volvería al nivel de pre-crisis (1997), dos años y medio más tarde.








2. Mercado laboral y recuperación económica



Aun cuando continúa la recuperación económica, ésta no se ha traducido en mejoras significativas del mercado laboral. El desempleo se mantiene debido a que las tasas de participación y de ocupación han reaccionado en forma similar ante el crecimiento económico registrado en el año. La calidad del empleo continúa deteriorándose por aumentos de la informalidad y de la desprotección social de los trabajadores. No obstante, el aumento de la productividad y el descenso de la inflación han resultado en mejoras en el poder adquisitivo, tanto de los salarios industriales, como de los salarios mínimos.

2.1 Desempleo urbano

El desempleo actual de la región es semejante al de 1999 (9%), a pesar de que el crecimiento económico se ha mantenido desde la segunda mitad de 1999 y todo el año 2000, en el marco de la recuperación económica mundial.

Los doce países con información disponible de desempleo para el 2000 (hasta el tercer trimestre) son: Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, Ecuador, El Salvador, México, Panamá, Uruguay y Venezuela. La incidencia de la población económicamente activa (PEA) de estos países en el total representa el 95%, al igual que el aporte de su producto al PIB regional (Anexo Estadístico).

La tasa de desempleo de los nueve países mencionados alcanzó a 8.9% (promedio ponderado). Aun cuando esta cifra es semejante a la registrada por el grupo de países en similar periodo de 1999 (9.0%), la misma es superior en 1.7 puntos de por ciento al nivel observado en la pre-crisis (promedio de 1997).

El desempleo tiene una evolución diversa dependiendo de los países. La tasa de desocupación cae ligeramente en cinco países, Brasil (de 7.7% a 7.5%), Chile (de 10.1% a 9.2%), Costa Rica (de 6.2% a 5.2%), Ecuador (de 15.0% a 14.9%), El Salvador (de 8% a 7%), México (de 2.6% a 2.3%) y Venezuela (de 15.3% a 14.6%), al comparar los tres primeros trimestres del año 2000 con igual periodo del año anterior. Por otra parte, la tasa de desempleo aumentó en Argentina (de 14.5% a 15.4%), Colombia (de 19.8% a 20.4%), Panamá (de 13.0% a 13.3%), Perú (de 8.7 a 10.3%) y Uruguay (de 11.9% a 13.3%).


GRAFICO 1
AMERICA LATINA, CRECIMIENTO DEL PIB
Y TASA DE DESEMPLEO, 1998 - 2000
(porcentajes)


Fuente: Elaboración OIT, con base en datos oficiales.

La reducción del desempleo ha sido más lenta que la que se esperaba a fines del año pasado. En las proyecciones de desempleo de la OIT para este grupo de países, se estimaba que la tasa de desocupación para el presente año (8.5%) sería más baja que la registrada el año anterior. Sin embargo, esta reducción no se observa en las cifras de desempleo promedio de los tres primeros trimestres del 2000, puesto que muestran estancamiento respecto a igual periodo de 1999. Esto, aún cuando el crecimiento económico de 4.3% actualmente previsto para el 2000 es superior al 3.6% proyectado por diversos organismos especializados a comienzos del presente año (sección de proyecciones de desempleo y producto).

Por otro lado y desde una perspectiva de mediano plazo, se observa que el nivel del desempleo de los países analizados en el último año y medio continúa siendo alto y significativamente superior al registrado durante el periodo 1990-1997 (6.4%). Ello, como consecuencia de los procesos de ajuste macroeconómico posteriores a las crisis asiática y rusa; y del descenso en los precios de algunos bienes primarios de exportación, como el caso de la harina de pescado, el cobre, la carne y el café, y el alza del precio del petróleo, los que se tradujeron en fuertes disminuciones de los términos de intercambio.

Así, en los tres primeros trimestres del año 2000, la tasa de desempleo supera los dos dígitos en siete países: Argentina (15.4%), Colombia (20.4%), Ecuador (14.9%), Panamá (13.3%), Perú (10.3), Uruguay (13.3%) y Venezuela (14.6%); es superior al promedio regional en Chile (9.2%) e inferior en Brasil (7.5%), Costa Rica (5.2%), El Salvador (7%) y México (2.3%). El caso mexicano es particularmente distinto del resto de la región, como consecuencia de los efectos positivos del fuerte crecimiento de la economía americana y del aumento de los precios del petróleo, su principal producto de exportación.






2.2 Desempleo por sexo

Las tasas de desempleo de hombres y mujeres no experimentaron variaciones entre 1999 y el año 2000, tal como ocurrió con la tasa de desempleo urbana agregada.

Con excepción de Venezuela, donde la tasa de desempleo masculina aumentó (de 13.6% a 14.0%) y la femenina cayó (de 17.1% a 15.9%); y Brasil, donde el desempleo masculino disminuyó (-0.3 puntos de por ciento) y el femenino aumentó (0.3 puntos porcentuales), el resto de países experimentó cambios en el desempleo de hombres y mujeres en la misma dirección, aunque con diversa intensidad (Anexo Estadístico). Las tasas de desempleo masculinas y femeninas se elevaron en Argentina (0.7 y 1.0 puntos porcentuales, espectivamente), Colombia (0.1 y 1.0 puntos de por ciento, respectivamente), Perú (2.4 y 1.6 puntos de porciento, respectivamente) y Uruguay (0.9 y 1.3 puntos de por ciento, respectivamente). Por otra parte, las tasas desempleo de hombres y mujeres descendieron en Chile (0.6 y 0.3 puntos de por ciento, respectivamente); Costa Rica (0.5 y 1.3 puntos de porciento, respectivamente); El Salvador (1.4 y 1.2 puntos de por ciento, respectivamente); y México (0.2 y 0.2 puntos porcentuales, respectivamente).






2.3 Desempleo juvenil

En la mayoría de los países con información, la desocupación juvenil tiende a aumentar aun con la recuperación económica. Sin embargo, el desempleo juvenil sigue patrones de evolución distintos entre los países de la región (Anexo Estadístico).

Lo anterior se aprecia en la trayectoria de la tasa de desempleo juvenil entre el primer semestre de 1999 y similar periodo de 2000 para los casos de Argentina (de 35.9% a 45.0%), Brasil (aumenta en el tramo de 18 a 24 años al pasar de 14.5% a 14.7%), Colombia (de 37.9% a 41.3% en el tramo de 12 a 17 años y de 35.7% a 35.8% en el rango de 18 a 24 años), Perú (de 14.2% a 18.2% en el tramo de 14 a 24 años de edad), Uruguay (de 27.1% a 30.5%) y Venezuela (de 26.6% a 28.0%). El indicador tiene comportamientos distintos según el tramo de edad en Chile (cae en el segmento de 15 a 19 años al pasar de 27.6% a 26.0% y aumenta de 19.8% a 20.1% en el tramo de 20 a 24 años), pero se reduce en México (de 4.5% a 4.2% en el tramo de 20 a 24 años).

La relación entre la tasa de desempleo juvenil y la tasa de desocupación es 2.1, en promedio. La relación varía entre los países: Argentina (2.9 veces), Colombia (2.7 veces) y Uruguay (2.3 veces), están sobre el promedio. Por debajo de éste se encuentran Brasil (1.8 veces), Chile (1.3 veces), México (1.9 veces), Perú (1.8 veces) y Venezuela (1.9 veces).






2.4 Actividad económica, empleo y desempleo

Aun cuando continúa la recuperación económica iniciada el último semestre del año pasado, ésta no se ha traducido en una disminución del desempleo (Recuadro 1). El crecimiento promedio del PIB de América Latina, que alcanzó a 0.4% en 1999, se eleva a 4.4% en el primer semestre del 2000. Además, en el primer semestre de este año se observa un fuerte cambio de tendencia respecto al mismo semestre del año 1999, cuando el nivel de actividad cayó en 0.8%.

Al respecto, cabe destacar que el crecimiento promedio del PIB observado durante el primer semestre del presente año es superior al 3.6% anual proyectado a inicios del 2000 por diversos organismos internacionales y entidades financieras especializadas. Ello se debe principalmente al elevado crecimiento que están mostrando las economías de México (7.8%), Perú (6.0%) y Chile (5.8%), además del positivo desempeño de la economía brasileña (3.8%), que representa cerca del 37% del producto regional.

Por otra parte, el crecimiento anualizado del PIB se recupera en todos los países reseñados en el primer semestre del 2000 respecto al inicio de la recuperación económica de la región durante el segundo semestre de 1999: Argentina (de -2.0% a 0.7%), Brasil (de 2.1% a 3.8%), Chile (de 0.9% a 5.8%), Colombia (de -2.3% a 1.5%), Ecuador (de -8.2% a 0.5%), México (de 4.8% a 7.8%), Perú (de 2.0% a 6.0%), Uruguay (de -5.6% a 1.0%) y Venezuela (-5.2% a 1.5%).

A pesar de la aceleración de 5.2 puntos porcentuales que se aprecia entre las tasas de crecimiento promedio del PIB latinoamericano en los primeros semestres de 1999 (-0.8%) y 2000 (4.4%), la tasa de desempleo promedio se mantuvo estable (en torno del 9.0% en cada semestre).

El resultado anterior se debe a que, tanto la oferta como la demanda de trabajo han reaccionando en forma similar frente al aumento del producto. En efecto, la similitud de las elasticidades oferta laboral y empleo respecto al producto explica en gran parte el porqué la tasa de desempleo promedio se mantuvo constante (Gráfico 1).

En el caso de la oferta, la tasa de participación promedio de los países con información disponible registró un comportamiento disímil. Mientras la tasa de participación aumentó en Brasil (1.0%), Colombia (1.1%), Ecuador (0.4%) y México (0.6%), el indicador se mantuvo constante en el caso de Uruguay y se redujo, como sucedió en Argentina (-0.2%), Chile (-0.5%), Costa Rica (-1.4%), El Salvador (-1.4%), Panamá (-0.1%) y Venezuela (-0.8%).








Recuadro 1
EL EMPLEO SE RECUPERA MAS LENTAMENTE
QUE LA ACTIVIDAD ECONOMICA

En América Latina se han producido dos ajustes económicos importantes durante la década de los noventa. En estos se observa que en la contracción, el empleo cae más rápidamente que la oferta de trabajo, lo que ha implicado que las tasas de desempleo se eleven significativamente. Sin embargo, en la fase de expansión la tasa de desempleo cae lentamente. De allí que el periodo de recuperación de los niveles de pre-crisis sea más largo para el desempleo, que para el producto.

Los países considerados son Brasil, Chile, Colombia y México. En los tres primeros, el análisis comprende el trienio 1998-2000 (desde 1997 para Brasil), periodo en el que la región sufrió los efectos de las devaluaciones de los países del sudeste asiático y de Rusia. En México se consideró el ajuste provocado por la crisis de la devaluación del peso mexicano a fines de 1994 y que se extendió hasta inicios de 1997.

La evolución del producto en el ajuste. En Brasil se registró una caída del PIB de _3.3% durante cerca de dos años, mientras que en Chile, cayó _1.7% en un año y medio. En Colombia, la recesión se prolongó por siete trimestres, lo que provocó que el producto se contrajera en _4.3%. México experimentó la mayor caída del PIB (-7.1%) durante el año 1995. Los niveles de producto de pre-crisis se recuperaron, aunque en periodos diferentes por la magnitud de los ajustes en México y Chile. En el primer país se necesitaron cinco trimestres para alcanzar el nivel del PIB antes de la recesión, mientras que en Chile, éste se alcanzó en dos trimestres. Por otra parte, aunque Colombia y Brasil se encuentran actualmente en la fase expansiva del ciclo, todavía no recuperan los niveles de producto de pre-crisis en el tercer trimestre del año 2000.

El desempleo aumentó rápidamente como consecuencia de la reducción del producto. En Brasil, la tasa de desempleo previa a la crisis fue de 5.9% y la más alta observada durante la recesión fue 7.9% (se incrementó 1.3 veces). En Chile, dichas tasas fueron 5.3% y 11.4%, respectivamente, lo que significó que la tasa de desempleo aumentó 2.2 veces. En Colombia, donde la tasa de desocupación pre-crisis fue 14.4%, subió a 20.5% (aumentó 1.4 veces), mientras que en México se elevó 2.1 veces al pasar de 3.6% a 7.4%, respectivamente.

La elasticidad empleo-producto de la fase recesiva es mayor que la del periodo de expansión. Ello explicaría la lenta recuperación de las tasas de desempleo registradas en el periodo de pre-crisis. En los casos de Brasil, Chile y Colombia se observa una elasticidad empleo-producto de 0.4, 0.8 y 0.8, respectivamente, en la fase contractiva, mientras que en la fase expansiva se registran elasticidades empleo-producto de 0.2 para Brasil, 0.3 para Chile y 0,0 para Colombia. México, en cambio, es el único país que registra una elasticidad empleo-producto mayor en la expansión (0.6) que en la recesión (0.0).

  AJUSTE
  Brasil
1997-2000
Chile
1998-2000
Colombia
1998-2000
México a/
1995-1996
A. Magnitud del Ajuste (%)        
Variación del PIB en la Contracción -3.3 -1.7 -4.3 -7.1
Variación del PIB en la Recuperación b/ 2.4 3.5 2.2 7.1
         
B. Duración del Ajuste (número de trimestres)        
PIB        
Contracción 8 4 7 4
Recuperación b/ 4 2 2 5
Total - 6 - 9
TASA DE DESEMPLEO        
Contracción 9 5 9 4
Recuperación (*) 4 4 - 8
Total - - - 12
         
C. Elasticidades empleo producto        
Contracción 0.4 0.8 0.8 0.0
Recuperación 0.2 0.3 0.0 0.6
         
D. Tasa de Participación (%)        
Pre - crisis c/ 58.7 54.0 62.7 54.8
Contracción d/ 57.1 54.2 64.8 55.5
Recuperación e/ 58.4 53.5 - 55.7
         
E. Tasa de Desempleo (%)        
Pre - crisis c/ 5.9 5.3 14.4 3.6
Contracción f/ 7.9 11.4 20.5 7.4
Recuperación e/ 7.3 10.7 - 3.7

Fuente: Elaboración OIT, con base en estadísticas oficiales de los países seleccionados.
a/ Se consideró el período de ajuste durante la crísis de la devaluación del peso mexicano
b/ En los casos de Brasil y Colombia todavía no se recuperan los niveles de crísis
c/ Tasa observada antes de la crísis
d/ Tasa de participación correspondiente a la mayor tasa de desempleo observada durante el ciclo
e/ Tasa al tercer trimestre de 2000, excepto México
f/ La mayor tasa de desempleo observada durante el ciclo
* Número de trimestres transcurridos entre la fecha de mayor tasa de desempleo observada durante el ciclo y el tercer trimestre del 2000

El ciclo del desempleo es más extenso que el ciclo del producto. En México, la recuperación del nivel de la tasa de desocupación de pre-crisis requirió 12 trimestres (3 años), 3 trimestres más que los necesarios para alcanzar el nivel de producto inicial. La recuperación del nivel de desempleo no se ha logrado en los otros países, aunque ha transcurrido un extenso periodo después de iniciado los ajustes: Brasil (13 trimestres), Chile (9 trimestres) y Colombia (9 trimestres). Al tercer trimestre del 2000, las tasas de desempleo de estos países eran significativamente superiores a las de pre-crisis, como se observa en los casos de Brasil (7.3%), Chile (10.7%) y Colombia (20.5%).

En definitiva, los rezagos en la recuperación del desempleo dependen no sólo de la intensidad del crecimiento económico, pero esencialmente de la evolución de la oferta de mano de obra y de la creación del empleo. En la contracción económica, la tasa de participación (relación entre la población económicamente activa -PEA y la población en edad de trabajo -PET) aumentó en Chile, Colombia y México. Al mismo tiempo, la tasa de ocupación cayó en todos ellos, lo que explica el rápido aumento del desempleo de estos países en el periodo. En Brasil se produce el mismo resultado pero, a diferencia de los otros países, éste es explicado por una reducción de la tasa de participación en la fase recesiva, acompañada de una caída mayor aun de la tasa de ocupación.

La recuperación económica de México estuvo acompañada de una expansión en la tasa de empleo, mientras que la oferta se mantuvo estable y, en consecuencia, la tasa de desempleo se reduce. En Brasil, dicha expansión estuvo acompañada de una recuperación de los niveles de participación y el efecto sobre el desempleo, si bien positivo, fue moderado. Al otro extremo, en Chile, la tasa de ocupación no se recupera, pero se reduce la oferta y ello permite una disminución moderada de la tasa de desempleo. Colombia en cambio presenta una situación estable tanto en la oferta como en la ocupación y, por ende, en la tasa de desempleo.






AMERICA LATINA: PAISES SELECCIONADOS
TASAS DE PARTICIPACION Y DE OCUPACION

BRASIL. 1997-2000


CHILE. 1998-2000


COLOMBIA. 1998-2000


MEXICO. 1995-1996


Fuente: Elaboración OIT, con base en información oficial de los paises.


Tal como ocurre con la tasa de participación, el comportamiento de la tasa de ocupación, que es el principal indicador del nivel de empleo, fue muy distinto entre los países (Anexo Estadístico). Brasil (0.9%), Colombia (0.3%), Ecuador (0.5%), México (0.7%) y Panamá (0.1%) experimentaron incrementos, mientras que Argentina (-0.6), Chile (-0.2%), Costa Rica (-0.8%), El Salvador (-0.8%), Uruguay (-0.8%) y Venezuela (-0.8) registraron disminuciones en el indicador.






2.5 Contribución de las empresas del sector privado a la creación de empleo: el liderazgo de las grandes empresas en la reactivación

El empleo está demorando en responder a la reactivación económica y, además, se conoce poco acerca de las causas que originan este fenómeno. Por ello, se trata de contribuir a la identificación de los factores asociados al lento crecimiento del empleo, mediante un análisis centrado en el sector privado para el periodo 1999-2000. En este sentido, se considera, por un lado, que en el actual contexto estructural, la responsabilidad de la generación de puestos de trabajo recae casi exclusivamente en el sector privado y que, por tanto, el sector público tiene un rol subsidiario en la materia y, por el otro, que el desempeño del sector privado en este campo, depende de la conducta de las empresas, dado que en las mismas se encuentra el 64.8% del total del empleo privado.

Para analizar la evolución del empleo durante la actual coyuntura, es preciso considerar la heterogeneidad que caracteriza el funcionamiento de las empresas privadas. Al respecto, se distingue un segmento de empresas pequeñas (hasta 50 ocupados), constituido por el grupo de microempresas (hasta 5 ocupados) y el de pequeñas empresas (6 a 50 ocupados) que tiene un bajo nivel de productividad y de remuneraciones, así como una escasa protección y nivel de organización de los trabajadores. El segmento de empresas grandes (más de 50 ocupados) utiliza tecnología moderna, tiene un adecuado nivel de remuneraciones y protección social de los ocupados y, además, concentra el grupo de los trabajadores organizados. Estas empresas generan una parte significativa del producto, aun cuando tienen una baja participación en el empleo total de los países.







GRAFICO 2
AMERICA LATINA: PAISES SELECCIONADOS
VARIACION DEL EMPLEO SEGUN TAMAÑO DE LAS EMPRESAS

MEXICO. 1995-1996




CHILE. 1999-2000




PERU. 1999-2000 a/




ARGENTINA. 1999-2000 a/



Fuente: Elaboración OIT, con base en datos oficiales de los países.
a/ En Argentina y Perú el estrato de empresas pequeñas (con hasta 49 trabajadores) incluye a establecimientos con entre 10 y 49 trabajadores.

El desempeño de las empresas privadas en el campo de la generación de empleo se examina durante el proceso de ajuste en un grupo de países (Argentina, Chile y Perú) en los años 1999 y 2000, a los que se agrega, a modo de referencia, el caso de México durante el periodo 1995-1997.

Durante la fase recesiva, el empleo de las empresas grandes se contrae rápidamente en todos los países (con una elasticidad empleo-producto superior a 1; es decir, el empleo se contrae en un ritmo mayor que el del producto), mientras que el de las empresas pequeñas muestra un comportamiento diverso en respuesta a la reducción de los niveles de actividad (Gráfico 2). En Argentina y Chile el número de puestos de trabajo de las empresas pequeñas se reduce aun más rápido que la ocupación de los grandes establecimientos y en Perú también cae, pero a una tasa inferior que éstos. Por el contrario, en México, el empleo de las pequeñas empresas continuó creciendo a un ritmo estable durante la recesión.

En la recuperación económica, el crecimiento del empleo es liderado por el segmento de grandes empresas y las empresas pequeñas tienen un comportamiento heterogéneo en los países.

En Chile y México, la expansión del empleo en el periodo de post-ajuste fue determinado por el comportamiento de las empresas grandes (Gráfico 2). Sin embargo, la diferencia entre ambos países reside en los distintos patrones de evolución de las empresas pequeñas. Mientras en México las empresas pequeñas registraron un aumento moderado y constante del empleo, en Chile muestran una escasa capacidad de generación de empleo. Como resultado, el empleo total creció en México a un ritmo que permitió disminuir el desempleo en un periodo breve, en tanto en Chile el crecimiento de la ocupación total es aún insuficiente para reducir significativamente la tasa de desempleo (Recuadro 1).

En Perú todavía no se visualiza una recuperación continua del empleo en respuesta a la reactivación económica. Aun así, las empresas grandes aparecen liderando las variaciones del empleo total, seguidas muy de cerca por el estrato de pequeñas empresas. En consecuencia, el crecimiento del empleo de las empresas privadas ha sido inestable, lo que no se ha manifestado en un mayor desempleo debido al comportamiento anticíclico del sector informal.

En el caso de Argentina, las cifras muestran que, a pesar de la recuperación económica, el empleo sigue cayendo, aunque a un ritmo decreciente, y que la destrucción de empleos en las empresas grandes es menor que la registrada en las empresas pequeñas. Esto ha significado que la ocupación continúe cayendo y, por tanto, que la tasa de desempleo se mantenga en un nivel elevado.






2.6 Composición sectorial y calidad de empleo

Las tendencias de mediano plazo indican que el aumento de la ocupación estuvo acompañada por cambios que afectaron tanto la composición sectorial como la calidad de la misma durante la década a través de los procesos de privatización, terciarización, informalización y precarización del empleo.

En primer lugar, se acentúa el proceso de privatización considerando que 95 de cada 100 nuevos empleos fueron generados por el sector privado en la década. El segmento de empleo formal continuó contrayéndose. En particular, dentro del empleo formal el sector público disminuyó en 2.8 puntos porcentuales su participación en el total del sector formal y el empleo privado tuvo un aumento del mismo orden en el total. Las empresas medianas y grandes continúan siendo la fuente de ocupación formal más importante.

En segundo lugar, continúa el proceso de terciarización de la estructura del empleo. Por cada 100 nuevos empleos creados en la década, 83 correspondieron a los sectores de servicios. Por el contrario, se aprecia una disminución de la importancia de los sectores generadores de bienes (que comprende industria manufacturera, minería, electricidad y agua y construcción) en el empleo no agrícola en casi todos los países durante la década de los noventa. Las excepciones fueron Panamá y Bolivia, en donde la participación de dichos sectores aumentó. En los demás países, la caída de los sectores generadores de bienes tuvo diferentes intensidades durante los noventa. Argentina (-2.6 puntos porcentuales), Brasil (-4.5 puntos), Chile (-3.3 puntos porcentuales), Colombia (-3.3 puntos de por ciento), Costa Rica (-7.4 puntos de por ciento), Ecuador (-5.8 puntos de por ciento), Uruguay (-6.9 puntos porcentuales) y Venezuela (-4.9 puntos) fueron los países que experimentaron los cambios más significativos.

Los sectores generadores de servicios (que comprende comercio, transporte, establecimientos financieros y servicios comunales y personales) experimentaron un crecimiento en la región, especialmente en las sub-ramas menos modernas, como los servicios comunales y personales. A fines de la década, este sub-sector es el más importante a nivel regional, empleando a uno de cada tres ocupados. Con una participación menor pero creciente; el comercio es el segundo en importancia, empleando a uno de cada cuatro ocupados.

En tercer lugar, se mantiene el proceso de informalización, el que se traduce en un deterioro en la calidad del empleo. Los datos muestran un incremento de la informalidad, la que pasa del 42.8% en 1990 al 46.4% del total de ocupados en 1999. Esto significa que 60 de cada 100 nuevos empleos generados en la década fueron en el sector informal (Anexo Estadístico). Al respecto, se destaca que uno de cada tres nuevos puestos de trabajo informales fueron ocupados por las microempresas, que corresponde al segmento más moderno del sector informal.

El segmento más importante dentro del sector informal lo constituyen los trabajadores independientes, quienes representan el 23.9% de los ocupados, a fines de los noventa, 1.7 puntos porcentuales más que en 1990. Le siguen las microempresas (15.8% de los ocupados), que aumentaron en 1.1 puntos porcentuales su participación; y el servicio doméstico, que representa el 6.7% de la fuerza laboral empleada.

El crecimiento de la informalidad ha sido semejante entre hombres y mujeres, aunque ésta comprenda a la mitad de la ocupación femenina y el 43.9% de los ocupados hombres. Dicho comportamiento se dio también a nivel de los sub-segmentos ocupacionales, pero con diferente intensidad. Mientras que en los hombres el mayor incremento se generó en el grupo de los trabajadores independientes (que pasó de 21.6% a 24.3%), en las mujeres, el servicio doméstico fue el de mayor aumento (de 13.8% pasó a 15.1%).

Finalmente, prosigue el proceso de precarización de los ocupados, dado que la mayor informalidad estuvo acompañada de una disminución en la protección social de los trabajadores asalariados. Los datos muestran que la proporción de asalariados que cotiza en seguridad social disminuyó del 66.6% en 1990 a 64.3% en 1999 (Anexo Estadístico). Dicha reducción se observa tanto en los asalariados formales como en los informales, así como en hombres y mujeres. Como resultado, 55 de cada 100 nuevos asalariados tienen protección social en la década.






2.7 Evolución de los salarios reales

El poder adquisitivo de los salarios reales mejora debido al incremento de la productividad y a la tasa decreciente de inflación registradas en el periodo (Recuadro 2).

El salario industrial promedio de los países con información muestra un aumento del 1.2% en términos reales entre los primeros tres trimestres del presente año y el mismo periodo de 1999 (Anexo Estadístico), similar al aumento de 1.3% de la productividad promedio en el periodo. Los siete países para los que se cuenta con información son: Argentina, Brasil, Chile, Colombia, México, Perú y Uruguay (Gráfico 3).

Los datos del año 2000 muestran una recuperación del salario real en la industria manufacturera para este grupo de países, si se les compara con el crecimiento en igual periodo de 1999 (-1.2%). Sin embargo, dicho aumento de 1.2% se compara desfavorablemente con el 2.2% registrado antes de la crisis asiática (primer semestre de 1998).

Los salarios reales de la industria aumentan, aunque en forma diversa, en la mayoría de los países: Argentina (0.3%), Chile (1.5%), Colombia (4.1%), México (5.3%), Perú (3.4%), mientras que disminuyen en Brasil (-1.5%) y Uruguay (-0.9%).







GRAFICO 3
AMERICA LATINA: EVOLUCION DE LOS SALARIOS REALES. 1998 - 2000
(en tasas de crecimiento anualizadas)

Fuente: Elaboración OIT, con base en datos oficiales de los países.

El salario mínimo promedio muestra un incremento de 0.5% en términos reales en los primeros tres trimestres del año 2000, respecto a igual periodo del año pasado (Anexo Estadístico). Esta expansión del salario mínimo es inferior al crecimiento de la productividad promedio (1.3%) y refleja la desaceleración de la inflación registrada en la mayoría de los países durante este periodo (Gráfico 3). Por el contrario, el poder adquisitivo de los salarios mínimos en Ecuador y Venezuela se deterioraron como consecuencia de los procesos inflacionarios y recesivos por los que han atravesado estos países.

La evolución del salario mínimo es diferenciada entre países. El poder adquisitivo del salario mínimo mejora en diez de los dieciséis países con información, a ritmos que van desde cerca del 10% en Perú y Chile, hasta menos del 1% en Colombia y Panamá. En los seis países restantes, el salario mínimo real se reduce en algunos, como Ecuador y Venezuela, en magnitudes significativas (-30.1% y -4.3% respectivamente); y se contrae moderadamente en otros cuatro países: Costa Rica (-0.4%), El Salvador (-1.4%), Paraguay (-1.1%) y Uruguay (-1.2%).

La expansión de los salarios mínimos promedio muestra una tendencia decreciente en los últimos tres años, a pesar de la menor inflación. Ello, debido a una política más restrictiva de salarios mínimos introducida en varios países en el contexto de las nuevas condiciones generadas por la crisis asiática. El incremento del poder adquisitivo del salario mínimo promedio alcanzó a 2.7% en 1998, disminuye a 1.7% en 1999 y se estabiliza en 0.5% en el 2000.

La inflación continúa su tendencia decreciente. Ello resulta de la continuidad de una política de mantención de los equilibrios macroeconómicos y de una política salarial restrictiva que se alínea con el crecimiento de la productividad, permitiendo compensar, aunque parcialmente, el abrupto aumento del precio de los combustibles.








Recuadro 2
EL PODER ADQUISITIVO DE LOS SALARIOS

El bienestar de los trabajadores y sus familias depende en gran medida de la capacidad de compra o poder adquisitivo de los salarios. En este sentido, es conocido que el ingreso de los trabajadores más pobres depende básicamente del salario mínimo, en tanto el de los mejor remunerados se asocia al salario industrial. Para medir la capacidad de consumo de los trabajadores en términos de productos homogéneos en los países, se utiliza el pan en el caso de los salarios mínimos y un automóvil de bajo costo en el de los salarios industriales.

Los datos muestran que: el salario mínimo promedio alcanza para comprar 3 kilogramos por día en 1995 y 5 kilogramos en el 2000, lo que significa un incremento cercano al 50% en los últimos cinco años, cifra que está en línea con el aumento registrado por el índice de salario mínimo real en la región entre ambos años. La cantidad de pan que puede comprar el salario mínimo alcanza a 146 kilogramos al mes (5 kilogramos por día) en el año 2000. Los países que tienen un poder de compra elevado del salario mínimo; esto es, mayor o igual a 200 kilogramos de pan al mes, son: Argentina (250), Chile (200), Costa Rica (235) y Panamá (372). En el otro extremo con un bajo de poder de compra se ubican: Guatemala (76), Nicaragua (85), Perú (69) y Uruguay (85).

Asimismo, los datos indican que un obrero industrial latinoamericano necesitaba 32 meses para adquirir un modesto automóvil en 1995. Esta cifra alcanza a cerca de tres años (35 meses) en el año 2000, lo que indica una reducción del poder adquisitivo del salario, dado que en la actualidad el obrero industrial necesita tres meses más que hace cinco años para obtener el mismo automóvil. Con alto poder adquisitivo figuran Argentina, Brasil, Chile, Panamá y Uruguay, países en los que el precio de un automóvil es equivalente a entre 10 y 20 salarios mensuales de los asalariados de la industria en el 2000. Por el contrario, la capacidad de compra del salario industrial muestra un importante rezago en Bolivia, Ecuador, El Salvador y Honduras, países en los que se requiere entre cuatro y siete años para adquirir un automóvil.

El poder adquisitivo del salario industrial de América Latina es claramente inferior al de los países desarrollados, considerando que un obrero industrial en los Estados Unidos y en Francia necesita sólo cuatro meses para adquirir un automóvil de las características señaladas, alcanzando esa cifra a cinco meses en los casos de Corea e Italia. En España, en tanto el nivel del salario industrial permite realizar esa compra en seis meses.

Las cifras presentadas son reveladoras. Aun cuando aumentó el poder adquisitivo del salario mínimo en los últimos cinco años, su nivel actual es claramente insuficiente para satisfacer las necesidades de alimentación básica de una familia, en muchos países de la región. Por otro lado, las cifras del poder adquisitivo del salario industrial, además de mostrar deterioro, indican que los trabajadores de ingreso medio necesitan un periodo considerable para comprar un modesto automóvil, símbolo de acceso al consumo moderno por parte de los trabajadores latinoamericanos.

Finalmente, de la comparación internacional del poder adquisitivo del salario industrial resulta que el nivel de éste en los países desarrollados es, en promedio, siete veces superior al registrado en América Latina. Sin embargo, esta diferencia se reduce al considerar el grupo de países latinoamericanos con mayor poder adquisitivo de los salarios industriales como son Argentina, Chile, Panamá y Uruguay. En el caso de estos países, el poder de compra de los salarios de la industria es 1/3 del registrado por los países desarrollados. Esto último constituye un claro indicador no sólo de las diferencias de productividad que aún persisten entre los países latinoamericanos y los desarrollados, sino también de la mayor participación que tienen los trabajadores en las ganancias derivadas del progreso tecnológico en estos últimos.






SALARIO MINIMO
Kilos de pan que se pueden comprar con un salario mínimo al mes







SALARIO INDUSTRIAL
Número de meses necesarios para adquirir un automóvil de bajo costo


Fuente:Elaboración OIT, con base en estadísticas oficiales de los países.
* Corresponde a un automóvil con 1,000 - 1,500 cc.

La inflación promedio de los países reseñados alcanza a 7.9% en el primer semestre del año 2000, cifra inferior a la registrada en 1998 y 1999. La inflación continuó disminuyendo en cinco de los nueve países analizados: Chile (de 3.8% a 3.4%), Colombia (de 12.7% a 9.4%), México (de 18.3% a 10.1%), Uruguay (de 7.4% a 4.3%) y Venezuela (de 26.1% a 19.1%).

Los progresos alcanzados en materia de estabilización son generalizados. Sólo tres de nueve países (Ecuador, México y Venezuela) registran tasas de inflación superior a dos dígitos; dos se ubican entre 5% y 10% (Brasil y Colombia) y los otros cuatro (Argentina, Chile, Perú y Uruguay) registran un aumento de precios inferior al 5% anual.






3. El progreso laboral de los países

Como se ha señalado, el desempeño del mercado laboral en el año 2000 ha sido inferior al esperado, aun cuando la actividad económica se expande a un ritmo superior al previsto. En el conjunto de los países de la región, el desempleo no cede. Sin embargo, aumenta el poder adquisitivo de los salarios industriales, así como del salario mínimo, y mejora la productividad. En este panorama general, México constituye la excepción al mostrar una clara tendencia a la reducción del desempleo, así como un rápido aumento de los salarios reales y la productividad, como resultado de una sólida recuperación económica.

En esta sección se evalúa con una perspectiva de mediano plazo, el progreso laboral de los países durante el período 1990-2000. Al igual que en análisis anteriores (OIT, Panorama Laboral 1993-1999) se considera que el progreso laboral depende del desempeño del empleo, los ingresos reales y la productividad. En términos operacionales, el progreso laboral de los países se mide con base en un índice compuesto por cinco indicadores básicos: desempleo, informalidad, salario industrial, salarios mínimos y productividad. Este índice varía en función directa de los cambios en los últimos tres indicadores e inversamente ante cambios en los dos primeros (desempleo, informalidad).

Para analizar las tendencias del progreso laboral se consideran dos dimensiones. La primera está relacionada con la evolución del nivel absoluto de progreso laboral de cada país. Ello permite apreciar las diferentes tendencias (avance, estancamiento, retroceso) en la medida en que el año final del período analizado el índice de progreso laboral sea superior, igual o inferior al registrado en el año inicial del mismo. La segunda dimensión se refiere a la evolución del nivel relativo de progreso laboral; esto es, a los cambios de posición que registra cada país con respecto al resto de los países en el periodo estudiado.

La información utilizada en este análisis corresponde a los indicadores básicos señalados (Anexo Estadístico). Para la determinación del nivel relativo de progreso laboral de los países en el periodo, a los datos de desempleo e informalidad incluidos en este informe, se agregó otros sobre el nivel de los salarios industriales, los salarios mínimos y la productividad, medidas en dólares de Estados Unidos y corregidos por el tipo de cambio de paridad. Además, en el análisis se consideran dos periodos: 1990-1997 y 1997-2000. Ello, con la finalidad de evaluar el impacto que tuvieron las políticas de ajuste a la crisis asiática sobre el desempeño laboral de la región.

Con base en la evolución de los indicadores señalados, se observan las siguientes tendencias en el progreso laboral de los países entre los años 1990-2000.

En la evolución del nivel absoluto de progreso laboral se destaca el hecho de que los avances logrados en el periodo 1990-1997 se detuvieron, como resultado de los efectos negativos que tuvieron las políticas de ajuste a la crisis asiática sobre el desempeño del mercado del trabajo de los países (Cuadro 1). En el periodo 1990-1997, la mayoría de los países mejoró su situación laboral (13 de 15). En siete de ellos (Brasil, Chile, Costa Rica, El Salvador, Panamá, Paraguay y Perú) la situación laboral evolucionó favorablemente. En seis países ésta se estancó (Argentina, Bolivia, Colombia, Honduras, México y Uruguay), mientras que en otros dos el mercado laboral muestra deterioro (Ecuador y Venezuela).

El progreso laboral, donde éste ocurre, está asociado en casi todas los casos a una reducción del desempleo, al aumento, aunque moderado, de la productividad; al mejoramiento de los salarios industriales y mínimos y, sólo en alguno de ellos, al crecimiento de la productividad. Chile es el único país donde todos los indicadores de progreso laboral mejoran durante el periodo 1990-1997.








CUADRO 1
AMERICA LATINA: PAISES SELECCIONADOS
EVOLUCION DEL PROGRESO LABORAL SEGUN NIVELES 1990-2000


En los países donde la situación laboral se estanca, se observa que las mejoras en algunos indicadores fueron contrarrestadas por deterioros en otros durante esos años. Los países que logran disminuir el desempleo lo hacen con una leve reducción de la productividad y en un marco de contracción de la productividad y de los salarios reales. En otros, las mejorías en la productividad fueron acompañadas por deterioros del nivel y calidad del empleo (aumento de la informalidad), y por resultados diversos en relación a la evolución de los salarios reales. Finalmente, en los países que muestran deterioro de la situación laboral, se observa un aumento tanto del desempleo como de la informalidad, y por la reducción tanto de los salarios reales como de la productividad.

Las políticas para enfrentar la crisis asiática significaron un retroceso, incluso para los países que habían logrado avances en el campo laboral en la década. Así, en el periodo de post-ajuste (1997-2000), sólo dos países (México y Honduras) mantuvieron su progreso laboral, ya que la crisis "asiática" no los afectó, mientras que en la mayoría se deteriora o se estanca. En ocho de los quince países considerados (Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Ecuador, El Salvador, Paraguay y Perú) los indicadores muestran deterioro, y en otros cinco, estancamiento (Bolivia, Costa Rica, Panamá, Uruguay y Venezuela). Sólo en Honduras y México el progreso laboral continúa a pesar de la crisis.







CUADRO 2
AMERICA LATINA: PAISES SELECCIONADOS
NIVEL RELATIVO DE PROGRESO LABORAL 1990-2000

1990-1997




1997-2000




1990-2000



Fuente: Elaboración OIT, con base en los datos del Anexo Estadístico.

El desempeño laboral de la región durante la última década del siglo XX fue errático, en un marco de recuperación afectado por la crisis del "tequila" en 1995 (con efecto más restringido) y la "asiática" en 1998-99 (con alcance mayor en cuanto al número de países afectados). En siete países se registró progreso laboral (Chile, Costa Rica, El Salvador, Honduras, México, Panamá y Perú); en otros tres se observa estancamiento (Bolivia, Brasil y Uruguay). En cinco de ellos, los indicadores mostraron un deterioro de la situación laboral en el periodo (Argentina, Colombia, Ecuador, Paraguay y Venezuela).

La tenue e inestable recuperación de la situación laboral en la década pasada ha sido, sin embargo, insuficiente para superar el deterioro producido por la crisis de la deuda en los ochenta. Al compararse, por ejemplo, el año 2000 con el índice de desempeño laboral de 1985, se registra que sólo cinco países mejoran (Bolivia, Chile, Costa Rica, El Salvador y Uruguay), seis están peor (Argentina, Brasil, Ecuador, Paraguay, Perú y Venezuela), y cuatro no registran variación (Colombia, Honduras, México y Paraguay). Debe notarse, asimismo, que los componentes del índice registraron un comportamiento diferenciado. Por un lado predominan en casi todos los países mejorías en los niveles de productividad y en los salarios industriales, no así en los mínimos. Por otro, lado se expande la informalidad en casi la totalidad de los países y la tasa de desempleo disminuye en ocho países, aumenta en seis y se mantiene en uno. El problema del deterioro en la calidad del empleo parece entonces ser el predominante, eforzando en Argentina, Bolivia, Brasil, Colombia, Ecuador y Paraguay, con la insuficiente generación de los nuevos empleos.

El nivel relativo de progreso laboral se obtiene comparando la posición de cada país respecto a la del resto de los países, durante el periodo 1990-2000. Al igual que en el análisis anterior, se considera dentro de este lapso el periodo anterior a la crisis "asiática" (1990-1997) y el de post-ajuste (1997-2000). En el Cuadro 2 se presenta la situación de los países en el año 1990 (parte superior derecha) y 2000 (parte inferior izquierda) ordenados de mayor a menor en ambos años. Los países que se ubican en la diagonal mantuvieron en el año 2000 el nivel de progreso laboral alcanzado en 1990. Los que se ubican por debajo de la misma registran deterioro, y los que aparecen en el área superior mejoran su posición relativa.

Puede observarse que de los quince países analizados, cinco de ellos mantuvieron su posición relativa de progreso laboral entre 1990 y 2000 (Argentina, Chile, México, Uruguay y Venezuela). Otros seis países lograron mejorar su posición relativa de progreso laboral (Bolivia, Costa Rica, El Salvador, Honduras, Panamá y Perú). La mayoría sólo logró superar un escalón, estacándose como excepción positiva El Salvador, que en 1990 se ubicaba en el estrato bajo y en el 2000 llega al estrato mediano. Respecto a la evolución de aquellos que han logrado ya sea mantener o alcanzar un alto nivel de progreso laboral, cabe destacar, por un lado, que en Chile y Costa Rica el proceso de transformación productiva comenzó en los ochenta y, por otro, que México emerge de la crisis (1995-1996) con un crecimiento rápido y sostenido, con capacidad de generación de puestos de trabajo suficientes para reducir el desempleo y de trasladar los aumentos de productividad a mejoras en los salarios reales.

Por el contrario, en cuatro países (Brasil, Colombia, Ecuador y Paraguay) se registra un retroceso en materia de progreso laboral entre 1990 y 2000. Sin embargo, la posición relativa de estos países es diversa. Brasil pasa del mayor nivel de progreso laboral en 1990 a uno medio-alto en el año 2000. Diferente es el caso de los tres países restantes. Todos ellos retroceden: Ecuador y Paraguay desde un nivel mediano en 1990 al nivel más bajo en el 2000, mientras que Colombia lo hace desde un nivel medio-bajo.








4. Proyecciones de desempleo y producto. 2000-2001

Se espera que el crecimiento del producto alcance niveles superiores al 4% durante el segundo semestre del 2000 y en el año 2001 (Anexo Estadístico). Esto, a su vez, se traduciría en una disminución de la tasa de desempleo de América Latina, que pasaría de 9.0% en el 2000 a 8.1% durante el año 2001 (Gráfico 4).

Aun cuando el mantenimiento de la tasa de desempleo en este año, en comparación con 1999, es aparentemente contradictorio con la recuperación económica experimentada, dicho comportamiento se origina en una dinámica similar tanto de la oferta laboral como del empleo. Sin embargo, se prevé que esta evolución cambiará a partir del segundo semestre del año 2000. Ello debido a que se espera que la elasticidad oferta de trabajo-producto sea menor que la elasticidad empleo-producto en un marco de expansión económica durante el año 2001. Al respecto, se destaca que incluyendo el último trimestre del año pasado, la región registraría nueve trimestres de crecimiento continuo, con un promedio de 4.2% entre 1999 y 2001.

Las perspectivas de crecimiento del producto para el año 2001 superan las del 2000 en los nueve países reseñados, con excepción de México y Chile: Argentina (1.2% para el 2000 y 3.7% para el 2001), Brasil (4.0% y 4.2%), Colombia (2.0% y 3.8%), Ecuador (0.5% y 3.5%), Perú (4.0 y 6.0%), Uruguay (0.5% y 4.0%) y Venezuela (2.5% y 3.0%). México, en cambio, crecería 4.8% en el año 2001, tasa inferior al 6.8% que se espera para el presente año y en Chile disminuiría del 5.8% esperado para el 2000 a 5.5% en el 2001.

Se estima que el aumento esperado del producto resultará en una caída de la tasa de desempleo promedio en el año 2001 de 0,9 puntos porcentuales, en comparación con el 2000. Las reducciones más significativas se apreciarían en Colombia (de 20.0% en el 2000 a 17.5% en el 2001), Uruguay (de 13.5% a 12.5%), Argentina (de 15.2% a 13.8%), Chile (de 9.3% a 8.3%), Ecuador (de 15.4% a 14.0%) y Venezuela (de 14.3% a 13.0%). Brasil experimentará un descenso más moderado (de 7.5% a 6.6%) y el resto de países registraría, en conjunto, un descenso de un punto porcentual de su tasa de desempleo.

Las diferentes perspectivas de crecimiento no afectan significativamente la evolución del desempleo. Más aún, crecimientos más acelerados que el promedio de la región, pero que implican una desaceleración respecto al año anterior, pueden resultar en un aumento del desempleo. Este sería el caso de México, país en el que se espera una desaceleración del crecimiento en el año 2001 (4.8% en comparación con 6.8%) y un aumento del desempleo (2.7% comparado con 2.3%).

Las proyecciones para los años 2000 y 2001 prevén que la reactivación generará cambios en las elasticidades oferta laboral-producto y empleo-producto a lo largo del periodo (Gráficos 4 y 5). Luego del aumento de la oferta laboral observado a inicios de la recuperación, se espera que el crecimiento de la tasa de participación se desacelere al alcanzarse los niveles de pre-crisis. La tasa de participación en el primer semestre del 2000 (56.9%) se acerca a la prevaleciente en el periodo de pre-crisis (57.0%). En estas condiciones, se espera un crecimiento de 0.6% de la tasa de participación en el 2001, llegando al 57.2% a fines de año.








GRAFICO 4
AMERICA LATINA: OFERTA LABORAL Y EMPLEO. 1998 - 2001*
(en porcentajes)

Fuente: Elaboración OIT, con base en los datos y estimaciones oficiales y en modelo de estimación de desempleo.
*Estimados.









GRAFICO 5
AMERICA LATINA: CRECIMIENTO DEL PIB Y DESEMPLEO. 1998-2001*
(en porcentajes)

Fuente: Elaboración OIT, con base en los datos y estimaciones oficiales y en modelo de estimación de desempleo.
*Estimados.

La tasa de ocupación alcanza a 51.6% en el primer semestre del 2000, nivel inferior al 52.3% registrado en la pre-crisis. Se estima que la reactivación económica conduciría a un incremento de 1.4% anual de la tasa de ocupación en el 2001, alcanzando el nivel de 1998. Con ello, el nivel de empleo de pre-crisis se recuperaría dos años y medio más tarde.



Para mayor información, diríjase a la Oficina Regional para las Américas: Las Flores 275, San Isidro, Lima - Perú. Tel: +51 1 615 0300. Fax: +51 1 615 0400. Correo Electrónico: oit@oit.org.pe
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